Análisis Tiempo de lectura: 5 min.
Publicado el  26 mayo 2025

Temor a una recesión en Estados Unidos, ¿bajarse del carro?

La economía estadounidense da señales de fatiga. La rebaja de la calificación crediticia de su deuda y la reciente contracción de PIB han reactivado el miedo a una recesión, ¿qué hacer con sus inversiones?

Desaceleración, una realidad

Las malas noticias se suceden para la primera economía del mundo. La desaceleración económica es una realidad y el riesgo de recesión va en aumento. En el primer trimestre del año su producto interior bruto se contrajo un 0,3%, algo que no ocurría desde el primer trimestre de 2022. Un segundo trimestre en negativo colocaría al gigante estadounidense en recesión, al menos técnicamente hablando. A su vez, la agencia de calificación crediticia Moody’s ha seguido los pasos de S&P Global y Fitch Ratings, rebajando un escalón la calificación de su deuda soberana: de triple A (AAA), la máxima valoración, a Aa1. ¿Suficientes señales para abandonar las inversiones en el país del Tío Sam? ¿Qué le está pasando a la economía yanqui?
 

Bajada de tipos, ¿sí? ¿no?

Mientras la Casa Blanca quiere que la Reserva Federal baje tipos para abaratar el crédito y así se anime el consumo interno y la inversión, el organismo que preside Jerome Powell pisa el freno al haber puesto el foco en la inflación. Las empresas, por su parte, ante la incertidumbre desatada por la guerra arancelaria y el incierto devenir de los tipos posponen sus decisiones de inversión. Si el crédito se abaratara, sectores como el tecnológico – donde la mayoría de los gigantes estadounidenses son enormes máquinas de generar beneficios y tienen importantes necesidades de capital para mantener el liderazgo en áreas como la inteligencia artificial –, podrían crecer más. De ahí, que el Nasdaq y la bolsa yanqui aplaudan cada baja de tipos.
 

Deterioro, ¿una buena noticia?

Aunque parezca contraintuitivo, un empeoramiento del mercado laboral podría acercar posturas y dar vía libre a una bajada de tipos por parte de la Fed. Por el momento, el mercado laboral, que sigue siendo la piedra angular de su economía, da muestras de enfriamiento, pero resiste. La tasa de desempleo en abril fue solo del 4,2% con una creación de 177.000 puestos de trabajo. Con unos ingresos que au-mentan más deprisa que la inflación, el poder adquisitivo sigue aumentando. Ahora bien, un deterioro repentino del empleo cambiaría la situación y podría incitar a la Fed a bajar los tipos, adoptando así la tan esperada relajación monetaria. Este escenario no tiene nada de imposible. A su vez, Trump con sus medidas podría incitar a la Fed a seguir el camino que él desea y los mercados seguramente lo celebrarían. El riesgo, sin embargo, sigue siendo la estanflación. Es decir, un escenario en el que conviven una elevada inflación y un débil crecimiento económico, incluso negativo.
 
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