El devastador terremoto que ha elevado la cifra de víctimas en el lado turco a más de 18.000 fallecidos, 54.000 heridos y más de 380.000 que han perdido su hogar supone un drama humano irreparable. Pero tendrá asimismo efectos económicos en el país euroasiático, que no pasa por su mejor momento. Veámoslo en detalle.
Un desplome sin fin de la lira
Turquía afronta una subida de precios desbocada: la inflación cerró el 2022 en el 64,3%. El presidente Erdogan y sus teorías económicas caseras tienen mucha parte de culpa. Según él, los altos tipos de interés son los causantes de esta inflación. Y su remedio no es otro que… presionar al Banco Central turco para rebajar los tipos de interés. Sin embargo, con unos tipos oficiales “solo” en el 9% y toda la curva de tipos ofreciendo menos del 11,5%, los tipos reales (descontada la inflación) son extremadamente negativos. Los inversores extranjeros huyen por tanto del país y la cotización de la divisa paga las consecuencias. La lira turca continúa su descenso a los infiernos y ha perdido más del 75% de su valor en los últimos 5 años.
· Una lira débil tiene sus pros y sus contras. Por un lado, aumenta la competitividad de la producción turca e impulsa las exportaciones. Pero por otro, dado que Turquía es un importante importador de materias primas y energía, el déficit comercial turco no deja de engordar debilitando con ello sus reservas… y a la lira.
Economía a varias velocidades
Una inflación tan elevada crea una economía de varias velocidades. Ante la erosión del valor de su moneda, los turcos con capital disponible se lanzan a comprar activos, financieros o inmobiliarios, para proteger sus ahorros. Y no son los únicos. Turquía se ha convertido en un paso privilegiado para los inversores rusos que desean colocar su dinero en el extranjero. Las acciones turcas registraron un magnífico rendimiento del 98,5% en 2022 (en euros) y el 162% en moneda local.
· Por otro lado, la elevada inflación, que aumenta mucho más rápido que los salarios, erosiona a gran velocidad el poder adquisitivo de los hogares, que con un crédito caro tienen muy limitada su capacidad de consumo e inversión.
Enorme potencial desperdiciado
Ante los problemas en la cadena de producción y suministro mundial, Turquía, con su proximidad a la UE y su mano de obra abundante y barata, estaría bien situada para ser para Europa en un futuro lo que México es para EE.UU. Una demografía boyante (de casi 100 millones de habitantes) aumenta el atractivo de un mercado turco para las empresas europeas. Sin embargo, el control...
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El devastador terremoto que ha elevado la cifra de víctimas en el lado turco a más de 18.000 fallecidos, 54.000 heridos y más de 380.000 que han perdido su hogar supone un drama humano irreparable. Pero tendrá asimismo efectos económicos en el país euroasiático, que no pasa por su mejor momento. Veámoslo en detalle.
Un desplome sin fin de la lira
Turquía afronta una subida de precios desbocada: la inflación cerró el 2022 en el 64,3%. El presidente Erdogan y sus teorías económicas caseras tienen mucha parte de culpa. Según él, los altos tipos de interés son los causantes de esta inflación. Y su remedio no es otro que… presionar al Banco Central turco para rebajar los tipos de interés. Sin embargo, con unos tipos oficiales “solo” en el 9% y toda la curva de tipos ofreciendo menos del 11,5%, los tipos reales (descontada la inflación) son extremadamente negativos. Los inversores extranjeros huyen por tanto del país y la cotización de la divisa paga las consecuencias. La lira turca continúa su descenso a los infiernos y ha perdido más del 75% de su valor en los últimos 5 años.
· Una lira débil tiene sus pros y sus contras. Por un lado, aumenta la competitividad de la producción turca e impulsa las exportaciones. Pero por otro, dado que Turquía es un importante importador de materias primas y energía, el déficit comercial turco no deja de engordar debilitando con ello sus reservas… y a la lira.
Economía a varias velocidades
Una inflación tan elevada crea una economía de varias velocidades. Ante la erosión del valor de su moneda, los turcos con capital disponible se lanzan a comprar activos, financieros o inmobiliarios, para proteger sus ahorros. Y no son los únicos. Turquía se ha convertido en un paso privilegiado para los inversores rusos que desean colocar su dinero en el extranjero. Las acciones turcas registraron un magnífico rendimiento del 98,5% en 2022 (en euros) y el 162% en moneda local.
· Por otro lado, la elevada inflación, que aumenta mucho más rápido que los salarios, erosiona a gran velocidad el poder adquisitivo de los hogares, que con un crédito caro tienen muy limitada su capacidad de consumo e inversión.
Enorme potencial desperdiciado
Ante los problemas en la cadena de producción y suministro mundial, Turquía, con su proximidad a la UE y su mano de obra abundante y barata, estaría bien situada para ser para Europa en un futuro lo que México es para EE.UU. Una demografía boyante (de casi 100 millones de habitantes) aumenta el atractivo de un mercado turco para las empresas europeas. Sin embargo, el control estatal de la economía, la facilidad con la que se apropia de las reservas de divisas del sector privado o una inflación desorbitada no invitan precisamente al optimismo a corto plazo.
· Las obligaciones turcas abandonaron nuestra cartera Global Flexible al inicio de este año aprovechando el rebote de 2022 (+21%). A la espera de una mejor gobernanza económica o de una gran crisis que nos parece inevitable si nada cambia - y que abarataría aún más los activos financieros turcos -, por el momento preferimos mantenernos alejados del país.
¿Cómo afecta al BBVA?
El banco español es propietario del mayor banco turco, el Garanti (86% del capital). En 2022 el beneficio del BBVA en esta región cayó un 31% y ya solo aporta el 7% del beneficio total. Pese a la difícil situación actual, el mercado turco sigue siendo clave para el BBVA por su alto potencial en el largo plazo.
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