Invertir en 2026
A comienzos de 2026 los pequeños inversores se encuentran en un momento clave. Tras un 2025 atípico, marcado por fuertes remontadas y episodios de ele-vada volatilidad, el nuevo año se perfila como un ejercicio de normalización y mayor estabilidad, aunque no exento de riesgos ni de importantes divergencias entre regiones. En este contexto, 2026 promete oportunidades, pero exigirá más que nunca seleción, diversifica-ción y una adecuada gestión del riesgo. En el siguiente análisis, exploraremos algunos consejos clave para invertir con éxito en 2026, ayudándole a tomar decisiones informadas en un año lleno de potencial. Tras nuestro análisis sobre Estados Unidos, es el turno de Europa.
Qué podemos esperar de Europa
En el Viejo continente tampoco deberíamos experimentar cambios mayores con respecto a lo acontecido en 2025. Las empresas seguirán enfrentándose a costes energéticos elevados, a una demanda de los consumidores débil y a la ausencia de reformas estructurales importantes a la vista del estilo de las que proponía el informe Draghi para aumentar la competitividad europea. Ciertamente está previsto un plan de rearme europeo que podrá seguir inyectando gasolina a su industria de defensa y un plan de estímulo en Alemania que contempla un aumento del gasto público, pero sus efectos solo se dejarán sentir lenta y únicamente si las medidas anunciadas se ponen efectivamente en marcha.
Y para sus inversiones en Europa
En el mercado europeo, el escenario más probable para 2026 es el mantenimiento de los tipos de interés, ya que el crecimiento previsto es débil pero estable y similar al de 2025, sin señales de aceleración que justifiquen subidas ni de deterioro que obligue a recortes significativos. La inflación parece controlada y el BCE se muestra razonablemente satisfecho con el nivel actual de los tipos, considerando que los principales frenos al crecimiento son de carácter estructural -como la falta de competitividad y la incompleta integración del mercado único- y no monetarios. A ello se suma el elevado endeudamiento público en varios estados miembros, que desaconseja un endurecimiento adicional de la política monetaria por sus riesgos financieros, mientras que una relajación tendría un impacto limitado sobre la actividad.
En conjunto, estos factores apuntan a una política monetaria prudente y estable en Europa durante 2026 que conlleve un mantenimiento de tipos.
· Obligaciones en euros gubernamentales: Al plazo de 10 años ofrecen de media un rendimiento del 3,1%, algo que sobrepasan ligeramente las del Tesoro español al rondar el 3,2%, pero que es incluso mayor en las emitidas por los gobiernos de Italia al 3,4% o Francia al 3,5%. Presentes con un peso del 5 % en la estrategia mixta equilibrada y del 25 % en la defensiva, y 15% en la global flexible.
· Obligaciones corporativas en euros. La rentabilidad media (3,4%) no es mucho más alta que la de las del Estado, pero los emisores de estos títulos presentan unas ratios de solvencia excelentes con una fiabilidad en los pagos similar a los de la deuda soberana, cuando no mayor. Por ello están presentes con un peso del 10% en la estrategia mixta defensiva.
Obligaciones high yield Euro Combinan un rendimiento interesante (5,5%) y un riesgo aceptable. Presentes en nuestras tres estrategias mixtas con un peso del 5% en cada una.
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En la bolsa europea: atonía
La valoración de las bolsas europeas en su conjunto es aún baja (14 veces los beneficios esperados), lo que ilustra la insuficiencia de su potencial de crecimiento en comparación con Estados Unidos, aunque prevemos una mejora en 2026. Si Europa conoce de nuevo un año bursátil positivo será gracias al dinamismo de ciertos sectores (defensa, bancos...) o a la búsqueda por parte de los inversores de alternativas a las acciones estadounidenses, mucho más que al vigor de las economías europeas. España podría seguir con su buena racha. Dicho esto, algunas acciones europeas individuales valen la pena.
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