Menos es más
Hoy en día tan solo necesitamos unos pocos clics para poder acceder a miles de productos de inversión y a todos los mercados del planeta. Pero esta enorme oferta, lejos de facilitar las cosas, puede paralizar al pequeño inversor. ¿Qué elijo? ¿Cuándo entro? ¿Y si me equivoco? Aquí entra en juego una máxima olvidada: menos es más.
· Una buena estrategia global no necesita de docenas de fondos, cálculos sofisticados o seguir los vaivenes del mercado al minuto. Así, siendo fiel a una estrategia sencilla, diversificada y bien estructurada podrá optar a rendimientos atractivos en el largo plazo con mucho menos esfuerzo.
La sencillez, nuestra aliada
¿Cuál es esta cartera simplificada? No hace falta dispersarse en múltiples productos para tener exposición a distintas regiones, sectores y activos. Basta elegir solo dos fondos globales baratos y bien gestionados con los que abarcar lo mejor posible la economía mundial.
· Esta estrategia destaca por su sencillez: es fácil de entender y seguir, pues no requiere operaciones sofisticadas ni un seguimiento constante y con revisar la estrategia una vez al año es suficiente; bien aplicada implica un bajo coste de mantenimiento, al evitar comisiones innecesarias; y reduce el riesgo emocional inherente a todo inversor, al minimizar el número de decisiones que tomar.
Manos a la obra
Lo habitual es partir de dos fondos de gestión pasiva (ETF o fondos índice tradicionales) que repliquen grandes índices mundiales, uno de obligaciones y otro de acciones globales. Y repartir el peso entre ellos según su perfil de riesgo, objetivos y horizonte de inversión. Sirvan de ejemplo nuestros tres perfiles: defensivo (75% obligaciones; 25% acciones), equilibrado (50% obligaciones; 50% acciones) y dinámico (25% obligaciones; 75% acciones). Obviamente, un mayor peso en acciones va de la mano de mayores vaivenes (volatilidad), pero a cambio optará a rendimientos esperados más elevados.
· En el pasado, pensando en quien tuviera un montante inicial elevado para invertir y se sentara a esperar, lo instrumentamos a través de dos ETF, el Xtrackers MSCI World (IE00BZ02LR44) y el Amundi Global Aggregate Bond (LU1437024729). Pero esa alternativa cojea si quiere invertir poco a poco (mes a mes, p.ej.), en cuyo caso un fondo índice tradicional sale ganando. Y ahora, con el abaratamiento de costes por la llegada de las clases limpias, esta opción ya es viable.
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Menos es más
Hoy en día tan solo necesitamos unos pocos clics para poder acceder a miles de productos de inversión y a todos los mercados del planeta. Pero esta enorme oferta, lejos de facilitar las cosas, puede paralizar al pequeño inversor. ¿Qué elijo? ¿Cuándo entro? ¿Y si me equivoco? Aquí entra en juego una máxima olvidada: menos es más.
· Una buena estrategia global no necesita de docenas de fondos, cálculos sofisticados o seguir los vaivenes del mercado al minuto. Así, siendo fiel a una estrategia sencilla, diversificada y bien estructurada podrá optar a rendimientos atractivos en el largo plazo con mucho menos esfuerzo.
La sencillez, nuestra aliada
¿Cuál es esta cartera simplificada? No hace falta dispersarse en múltiples productos para tener exposición a distintas regiones, sectores y activos. Basta elegir solo dos fondos globales baratos y bien gestionados con los que abarcar lo mejor posible la economía mundial.
· Esta estrategia destaca por su sencillez: es fácil de entender y seguir, pues no requiere operaciones sofisticadas ni un seguimiento constante y con revisar la estrategia una vez al año es suficiente; bien aplicada implica un bajo coste de mantenimiento, al evitar comisiones innecesarias; y reduce el riesgo emocional inherente a todo inversor, al minimizar el número de decisiones que tomar.
Manos a la obra
Lo habitual es partir de dos fondos de gestión pasiva (ETF o fondos índice tradicionales) que repliquen grandes índices mundiales, uno de obligaciones y otro de acciones globales. Y repartir el peso entre ellos según su perfil de riesgo, objetivos y horizonte de inversión. Sirvan de ejemplo nuestros tres perfiles: defensivo (75% obligaciones; 25% acciones), equilibrado (50% obligaciones; 50% acciones) y dinámico (25% obligaciones; 75% acciones). Obviamente, un mayor peso en acciones va de la mano de mayores vaivenes (volatilidad), pero a cambio optará a rendimientos esperados más elevados.
· En el pasado, pensando en quien tuviera un montante inicial elevado para invertir y se sentara a esperar, lo instrumentamos a través de dos ETF, el Xtrackers MSCI World (IE00BZ02LR44) y el Amundi Global Aggregate Bond (LU1437024729). Pero esa alternativa cojea si quiere invertir poco a poco (mes a mes, p.ej.), en cuyo caso un fondo índice tradicional sale ganando. Y ahora, con el abaratamiento de costes por la llegada de las clases limpias, esta opción ya es viable. El fondo de acciones Fidelity MSCI World Index P(IE00BYX5NX33) y el de obligaciones Amundi Core Gloval Gov Bond(LU0987207668) son nuestros favoritos. Ambos disponibles en Silver Alpha. Los resultados logrados con ellos en el largo plazo (vea tabla) confirman la eficacia de esta estrategia.
La global flexible como alternativa
También es posible seguir la cartera global flexible con dos fondos, el SA Optima Global(ES0114289004) para la pata de acciones (peso del 60%), y un buen monetario en euros como el Profit Corto Plazo (ES0171629035) como variante de las obligaciones (40% restante).
· La mezcla de un fondo de acciones globales y un monetario que mitiga el riesgo de subidas de tipos de las obligaciones ha ido como la seda (vea tabla) y augura de cara al futuro un excelente binomio rentabilidad-riesgo.
¿Una solución para todos?
Esta alternativa sencilla encaja como anillo al dedo si no quiere estar pendiente todo el tiempo de su cartera, no disfruta revisando mercados o no dispone de un montante de inversión lo suficientemente elevado para justificar una estrategia más elaborada.
· Ahora bien, esto no significa que una estrategia simple sea la única opción válida. Para perfiles con mayor patrimonio o con ganas de implicarse activamente en la gestión tiene sentido optar por carteras más sofisticadas, que afinen más el tiro en función del potencial de determinadas regiones, sectores o temáticas, con las que poder acceder a un extra de rentabilidad.
En definitiva
Una estrategia ganadora no tiene por qué necesitar de grandes artificios y, aunque una estrategia simple pueda parecer poco sofisticada, lo cierto es que funciona. De hecho, cuanto más fácil se lo pongan, más fácil resultará mantenerse firme en el camino. Y una estrategia global con solo dos fondos puede darle todo lo que necesita: diversificación, rentabilidad y tranquilidad.
