Volatilidad, al alza
Independientemente del resultado, las elecciones norteamericanas van de la mano de un mayor nerviosismo en los mercados financieros. Por un lado, por saber si con ellas se pondrá fin al bloqueo político en el que Washington anda instalado y que no hace sino retrasar la tan necesaria toma de decisiones para salvaguardar una economía golpeada por la crisis actual. Por otro, por la espada de Damocles que pende sobre el reconocimiento del resultado electoral: los inversores temen un escenario que ya se vivió en el año 2000, donde la proclamación de la victoria de Bush sobre Al Gore el 7 de noviembre se retrasó oficialmente más de un mes, hasta resolverse numerosas cuestiones en los tribunales.
· Razón por la que en el corto plazo la volatilidad de las acciones yanquis, es decir, su rango de variación de precios (al alza o a la baja), podría aumentar. Ahora bien, con la vista puesta en el largo plazo la elección de un candidato u otro apenas debería tener influencia. Se lo explicamos.
A largo plazo, efecto neutro
La piedra angular del programa de Biden pasa por un plan de recuperación con gigantescas inversiones en infraestructuras. Y también en innovación, con el fin de asegurar el liderazgo tecnológico del país. Un aumento del gasto público que situaría el crecimiento por encima del 4% de media anual y permitiría crear más de 16 millones de empleos durante los próximos cuatro años. Con la creación de solo 9 millones de empleos y un crecimiento del 3%, la agenda de Trump reactivaría la economía de Estados Unidos con menor rapidez. Todo ello invita a pensar que la presidencia de Biden sentaría mejor al mercado de acciones que la de Trump. Pero el efecto negativo que para las empresas supondría el aumento de la carga impositiva prevista por el candidato demócrata volvería a equilibrar la balanza.
· La neutralidad en el largo plazo del resultado electoral para el inversor en acciones se sustenta también en la robustez de las instituciones del país, con muchas salvaguardas que en la práctica limitan el poder presidencial. EE.UU. es una de las economías más competitivas del mundo y ni siquiera el presidente puede cambiar radicalmente el contexto económico del país.
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El próximo 3 de noviembre los estadounidenses están llamados a las urnas para elegir al que será su presidente durante los próximos cuatro años. Que el elegido sea Donald Trump o Joe Biden, ¿afecta en algo a sus inversiones en acciones americanas?
Volatilidad, al alza
Independientemente del resultado, las elecciones norteamericanas van de la mano de un mayor nerviosismo en los mercados financieros. Por un lado, por saber si con ellas se pondrá fin al bloqueo político en el que Washington anda instalado y que no hace sino retrasar la tan necesaria toma de decisiones para salvaguardar una economía golpeada por la crisis actual. Por otro, por la espada de Damocles que pende sobre el reconocimiento del resultado electoral: los inversores temen un escenario que ya se vivió en el año 2000, donde la proclamación de la victoria de Bush sobre Al Gore el 7 de noviembre se retrasó oficialmente más de un mes, hasta resolverse numerosas cuestiones en los tribunales.
· Razón por la que en el corto plazo la volatilidad de las acciones yanquis, es decir, su rango de variación de precios (al alza o a la baja), podría aumentar. Ahora bien, con la vista puesta en el largo plazo la elección de un candidato u otro apenas debería tener influencia. Se lo explicamos.
A largo plazo, efecto neutro
La piedra angular del programa de Biden pasa por un plan de recuperación con gigantescas inversiones en infraestructuras. Y también en innovación, con el fin de asegurar el liderazgo tecnológico del país. Un aumento del gasto público que situaría el crecimiento por encima del 4% de media anual y permitiría crear más de 16 millones de empleos durante los próximos cuatro años. Con la creación de solo 9 millones de empleos y un crecimiento del 3%, la agenda de Trump reactivaría la economía de Estados Unidos con menor rapidez. Todo ello invita a pensar que la presidencia de Biden sentaría mejor al mercado de acciones que la de Trump. Pero el efecto negativo que para las empresas supondría el aumento de la carga impositiva prevista por el candidato demócrata volvería a equilibrar la balanza.
· La neutralidad en el largo plazo del resultado electoral para el inversor en acciones se sustenta también en la robustez de las instituciones del país, con muchas salvaguardas que en la práctica limitan el poder presidencial. EE.UU. es una de las economías más competitivas del mundo y ni siquiera el presidente puede cambiar radicalmente el contexto económico del país.
Cómo invertir en acciones norteamericanas
Nuestro consejo no varía. Tras el rally acumulado de la bolsa americana, el potencial de las acciones yanquis en su conjunto es limitado, de ahí que solo estén presentes en la cartera mixta dinámica, con un peso del 10%. Puede valerse de un fondo como el Seilern America (IE00B1ZBRN64; Renta 4) o el Morgan Stanley INVF GrowthA (LU0073232471; Supermercado de Fondos OCU), o bien de un excelente ETF como el iShares Core S&P 500 (IE00B5BMR087), físico, de acumulación y que cotiza en euros en el Xetra.
· Eso sí, a nivel individual sí vemos más oportunidades interesantes, de ahí que pesen en torno a un tercio de nuestra cartera Experto en acciones. Especialmente en lo que al sector tecnológico se refiere que, con independencia del resultado electoral, no vemos razones para que deje de tirar del carro. De ahí la apuesta por Accenture, Intel, IBM o Applied Materials.
Valor liquidativo en el momento del análisis:
Seilern America: 336,81 USD
MS INVF Growth A: 243,23 USD
iShares Core S&P 500: 290,81 EUR