Una herramienta de inversión que conviene entender
Estar en corto (o vender en corto) significa apostar a que una acción va a bajar de precio. En la práctica, consiste en pedir vender unas acciones que no se tiene y recomprarlas más tarde a un precio más bajo.
Pero ¿cómo se puede vender algo que no se posee? La respuesta está en el préstamo de valores. Aquí hay un bróker que ejerce de intermediario entre quienes están dispuestos a prestar sus acciones (recibiendo a cambio garantías y un interés) y el inversor que quiere especular apostando contra la empresa. El especulador recibe dichas acciones en préstamo (pagando una comisión), las vende en el mercado en ese momento y, más adelante, está obligado a recomprarlas para devolverlas al prestamista. Si en ese tiempo la acción baja, podrá recomprar a un precio más bajo de lo que vendió y quedarse la diferencia como ganancia. Pero si la acción sube en vez de bajar, no hay ganancia alguna, sino pérdidas.
¿Quién puede ponerse corto?
Ponerse corto encierra riesgos particulares, de ahí que no sea apto para todos los públicos. La complejidad, el apalancamiento implícito y el riesgo ilimitado de pérdidas si el precio sube sin freno hacen que no sea una práctica generalizada entre minoristas. Razón por la que nosotros la desaconsejamos para los pequeños inversores. Es más, los brókeres ni siquiera suelen comercializarla entre sus clientes, por lo que el acceso para el particular es misión “casi” imposible.
· Ahora bien, sí es una operativa habitual entre inversores profesionales (aseguradoras, bancos, fondos de inversión, gestoras y hedge funds). La mayoría de ellos utilizan las posiciones cortas como herramienta de gestión de riesgos (cobertura), siendo esta la pata que más volumen mueve. Pero la parte más visible a nivel mediático es la especulativa, que además es la que nos permite extraer las conclusiones más interesantes. Aquí, los claros protagonistas son los fondos bajistas (hedge funds): identifican una empresa sobrevalorada, con problemas que a sus ojos no han sido suficientemente reflejados por el mercado, y apuestan contra ella. Hay que tenerlos en cuenta, pues están especializados en ello y han ganado mucho dinero en el pasado acertando con sus apuestas. Ejemplos hay a patadas. ¿Se acuerdan de Lehman Brothers?
Una pista más que interesante
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Una herramienta de inversión que conviene entender
Estar en corto (o vender en corto) significa apostar a que una acción va a bajar de precio. En la práctica, consiste en pedir vender unas acciones que no se tiene y recomprarlas más tarde a un precio más bajo.
Pero ¿cómo se puede vender algo que no se posee? La respuesta está en el préstamo de valores. Aquí hay un bróker que ejerce de intermediario entre quienes están dispuestos a prestar sus acciones (recibiendo a cambio garantías y un interés) y el inversor que quiere especular apostando contra la empresa. El especulador recibe dichas acciones en préstamo (pagando una comisión), las vende en el mercado en ese momento y, más adelante, está obligado a recomprarlas para devolverlas al prestamista. Si en ese tiempo la acción baja, podrá recomprar a un precio más bajo de lo que vendió y quedarse la diferencia como ganancia. Pero si la acción sube en vez de bajar, no hay ganancia alguna, sino pérdidas.
¿Quién puede ponerse corto?
Ponerse corto encierra riesgos particulares, de ahí que no sea apto para todos los públicos. La complejidad, el apalancamiento implícito y el riesgo ilimitado de pérdidas si el precio sube sin freno hacen que no sea una práctica generalizada entre minoristas. Razón por la que nosotros la desaconsejamos para los pequeños inversores. Es más, los brókeres ni siquiera suelen comercializarla entre sus clientes, por lo que el acceso para el particular es misión “casi” imposible.
· Ahora bien, sí es una operativa habitual entre inversores profesionales (aseguradoras, bancos, fondos de inversión, gestoras y hedge funds). La mayoría de ellos utilizan las posiciones cortas como herramienta de gestión de riesgos (cobertura), siendo esta la pata que más volumen mueve. Pero la parte más visible a nivel mediático es la especulativa, que además es la que nos permite extraer las conclusiones más interesantes. Aquí, los claros protagonistas son los fondos bajistas (hedge funds): identifican una empresa sobrevalorada, con problemas que a sus ojos no han sido suficientemente reflejados por el mercado, y apuestan contra ella. Hay que tenerlos en cuenta, pues están especializados en ello y han ganado mucho dinero en el pasado acertando con sus apuestas. Ejemplos hay a patadas. ¿Se acuerdan de Lehman Brothers?
Una pista más que interesante
Que haya posiciones cortas no significa que la acción vaya a caer necesariamente, y mucho menos de forma inmediata. Pero sí puede ser un claro aviso a navegantes de por dónde pueden ir los tiros en los próximos meses que conviene no dejar pasar.
Si el volumen de las posiciones cortas crece de forma significativa y se sitúa en niveles por encima del 4-5% puede ser indicativo de desconfianza, riesgo de corrección o futuras turbulencias. Y más si detrás hay fondos bajistas.
Si, por el contrario, se reducen, significa que los bajistas están cerrando sus apuestas, lo que puede leerse como una señal positiva.
· En el mercado patrio, p.ej., la compañía de renovables Solaria es el valor que más posiciones cortas acumula (7% del capital a cierre de agosto). Un porcentaje elevado que, sumado al repunte de 2025 y su alto riesgo (4 sobre 5), debería ponerle en alerta y plantearse su venta pese a su consejo de cara al largo plazo (conservar).
Dónde buscar esta información
En España, el Reglamento 236/2012 de ventas en corto establece que cuando un inversor alcanza el 0,2% de una empresa debe notificarlo a la CNMV y, a partir del 0,5%, la CNMV publica la posición en su web. Allí (www.cnmv.es) encontrará un registro de las empresas en el que las posiciones cortas superen ese 0,5%, con el porcentaje exacto, la fecha y su evolución a lo largo del tiempo.
Consulte la ficha detallada de cada acción en nuestro comparador de acciones
