Sombrías previsiones
La crisis del coronavirus ha destruido el crecimiento económico esperado para este año. El PIB ha retrocedido un 22,1% interanual en el primer semestre y pone en serias dudas qué pasará en 2021. Las últimas estimaciones del Banco España apuntan a un recorte del 9% al 11,6% para 2020 y un repunte del 6,9 al 9,1% para 2021, según sea la recuperación. Si bien, reconoce que las características estructurales de nuestra economía (dependencia del sector turístico; en torno al 12% del PIB) y un tejido empresarial donde abundan las PYME (con mayores dificultades para acceder a la financiación), ponen en duda esas cifras. En cambio, las de la EPA son bien claras: en el primer semestre un 15,3% de población estaba en paro y el freno en las visitas de turistas extranjeros no hace augurar una mejoría.
Desequilibrios ya existentes
La pandemia ha puesto sobre la mesa los desequilibrios estructurales que nuestra economía ya arrastraba y que ahora se han agudizado. Somos claramente una economía de servicios (más del 65% del PIB y del 75% de la cifra de empleo en 2019). La industria (alrededor del 25% del PIB) depende en gran medida del sector automóvil (casi el 10% del PIB), también afectado por las decisiones de futuros cierres de plantas. La construcción, con un peso cercano al 6% en el PIB, sigue atenazada por restricciones presupuestarias y una edificación al ralentí. Los servicios financieros, con gran peso en Bolsa, deberán hacer frente a una morosidad muy elevada, que pesará en sus resultados (p. ej., el Banco Santander ha declarado pérdidas históricas en el primer semestre. Por último, peso de la agricultura apenas supera el 2,5%.
· A corto plazo el panorama no es muy positivo. Afortunadamente, el plan de apoyo diseñado desde Bruselas nos asegura una importante fuente de liquidez y, sobre todo, permitirá que los tipos de interés de la deuda española no se disparen y estén controlados (el rendimiento del bono a diez años es de 0,29%).
¿Qué hacer?
Sombrías previsiones
La crisis del coronavirus ha destruido el crecimiento económico esperado para este año. El PIB ha retrocedido un 22,1% interanual en el primer semestre y pone en serias dudas qué pasará en 2021. Las últimas estimaciones del Banco España apuntan a un recorte del 9% al 11,6% para 2020 y un repunte del 6,9 al 9,1% para 2021, según sea la recuperación. Si bien, reconoce que las características estructurales de nuestra economía (dependencia del sector turístico; en torno al 12% del PIB) y un tejido empresarial donde abundan las PYME (con mayores dificultades para acceder a la financiación), ponen en duda esas cifras. En cambio, las de la EPA son bien claras: en el primer semestre un 15,3% de población estaba en paro y el freno en las visitas de turistas extranjeros no hace augurar una mejoría.
Desequilibrios ya existentes
La pandemia ha puesto sobre la mesa los desequilibrios estructurales que nuestra economía ya arrastraba y que ahora se han agudizado. Somos claramente una economía de servicios (más del 65% del PIB y del 75% de la cifra de empleo en 2019). La industria (alrededor del 25% del PIB) depende en gran medida del sector automóvil (casi el 10% del PIB), también afectado por las decisiones de futuros cierres de plantas. La construcción, con un peso cercano al 6% en el PIB, sigue atenazada por restricciones presupuestarias y una edificación al ralentí. Los servicios financieros, con gran peso en Bolsa, deberán hacer frente a una morosidad muy elevada, que pesará en sus resultados (p. ej., el Banco Santander ha declarado pérdidas históricas en el primer semestre. Por último, peso de la agricultura apenas supera el 2,5%.
· A corto plazo el panorama no es muy positivo. Afortunadamente, el plan de apoyo diseñado desde Bruselas nos asegura una importante fuente de liquidez y, sobre todo, permitirá que los tipos de interés de la deuda española no se disparen y estén controlados (el rendimiento del bono a diez años es de 0,29%).
¿Qué hacer?
Las perspectivas económicas para España no son buenas. De ahí, que p. ej. las obligaciones españolas a largo plazo sólo pesen apenas un 5% en la Cartera Global Flexible. En cuanto a las acciones individuales, ninguna de las presentes en nuestra selección tiene consejo de compra, pese a los fuertes recortes de la bolsa española en lo que va de año (vea nuestras recomendaciones en el comparador de acciones). Y es que las perspectivas para las empresas son complicadas. De ahí que sólo recomendemos “conservar” posiciones en algunos sectores regulados (eléctricas) y en acciones muy concretas como Iberdrola, presente en nuestra Cartera Experto en acciones. O en sectores con ingresos más o menos estables como el de alimentación con Ebro Foods o Viscofan entre nuestras preferidas.
· En nuestra opinión las oportunidades de inversión a largo plazo en España son bastante escasas por ahora. Ni siquiera el mercado inmobiliario, para el que también prevemos un descenso en los precios de los inmuebles (sobre todo en viviendas y locales), nos serviría de refugio. En todo caso, los patrimonios más elevados podrían encontrar oportunidades en fincas rústicas concretas en nuestra revista hermana OCU Fincas y casas; o en plazas de garajes para patrimonios más modestos.