¿Hay que vender por culpa de la guerra?
Con el aumento de la violencia en Irán y una guerra que va tomando mayor magnitud, muchos inversores se hacen la misma pregunta: ¿conviene salir de la Bolsa antes de que los mercados caigan aún más?
La verdad es que nadie sabe cuánto tiempo va a durar el pulso entre Irán, Estados Unidos e Israel. Y menos aún cuáles serán sus consecuencias exactas sobre la economía mundial.
Cuando estalla una guerra, las Bolsas reaccionan con caídas, más volatilidad y titulares que alimentan la sensación de pánico. En ese contexto, el inversor particular tiende a hacerse la pregunta equivocada: “¿qué pasará mañana?”. Su objetivo no es predecir el próximo giro del conflicto, sino evitar los errores clásicos del pequeño inversor en estos momentos. Vea los siete mandamientos de cualquier pequeño inversor:
No se deje arrastrar por el pánico
La historia se repite: tras los conflictos, los mercados se recuperan. En cada crisis geopolítica, la tentación es la misma: salir de los mercados “hasta que se calme”. Sin embargo, la historia muestra que, unos años después de la mayoría de los conflictos, los mercados bursátiles están… más altos.
Quienes venden en el momento de mayor inquietud suelen perderse el rebote.
Una corrección bursátil no se convierte automáticamente en una crisis, y muchas bajadas se revierten antes de que el inversor asustado reaccione. Manténgase fiel a su estrategia inversora y recuerde que las mejores sesiones bursátiles tienden a llegar cuando el ánimo es peor. Salirse por miedo y quedarse fuera por dudas es una receta habitual para perderse el rebote.
Diversifique de verdad
La guerra en Irán supone un riesgo difícil de medir. El riesgo político es casi imposible de cuantificar y, por tanto, difícil de integrar en una estrategia. Resultado: se reduce la exposición, sobre todo desprendiéndose de los activos considerados más arriesgados, como las empresas vinculadas al turismo (hoteles, aviación, lujo…).
Pero el verdadero punto de tensión está más bien en el petróleo y el gas. En concreto, en el cierre del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que transita una gran parte del petróleo mundial. Un cierre prolongado dispararía los precios de la energía, reavivaría la inflación y frenaría la economía mundial.
Pero no es el escenario más probable:
• Los iraníes también saldrían perjudicados: es su principal fuente de ingresos.
• Donald Trump no tiene ningún interés en ver cómo se disparan los precios del petróleo a pocos meses de las elecciones estadounidenses.
Otra amenaza: ataques contra grandes instalaciones petroleras o gasistas. En ese caso, los precios del petróleo volverían a subir rápidamente. Un barril de forma sostenida en torno a 100 dólares restaría al menos un 0,6% de crecimiento a la zona euro.
Ante una situación tan compleja, ¿cómo proteger sus inversiones? Diversique adecuadamente para que su cartera no dependa de una única noticia negativa. Combine activos y riesgos distintos: acciones y obligaciones, sectores diferentes y exposición geográfica variada. La diversificación no impide las caídas, pero sí reduce la probabilidad de que un shock geopolítico descomponga su patrimonio.
Vea la composición de nuestras estrategias globales
Evite las apuestas “por emoción”
En cada conflicto reaparecen las mismas tentaciones: petróleo, defensa, oro…
En este caso, nosotros no contemplamos un escenario de crisis bursátil inmediata y una caída generalizada de los mercados no nos parece el escenario más probable a corto plazo.
Llegar tarde a la moda del momento suele implicar comprar caro y vender barato. Invertir no es reaccionar al telediario, sino sostener una estrategia que no dependa del estado de ánimo.
Invierta progresivamente
Si tiene dinero para invertir, repartir las compras en el tiempo reduce el riesgo de entrar justo “el peor día”. No se trata de adivinar el mínimo, sino de suavizar el impacto de la volatilidad con disciplina. La inversión periódica obliga a actuar con método cuando el ruido invita a paralizarse o a precipitarse.
Reequilibre, pero no haga trading
Cuando la Bolsa cae, el peso de las acciones baja respecto a su objetivo y su cartera se descuadra. En lugar de multiplicar las operaciones de compraventa, suele ser más sensato reequilibrar con pequeños ajustes para volver al reparto previsto.
No vigile continuamente su cartera
Analizar cada movimiento alimenta decisiones impulsivas. Si su horizonte es el largo plazo (al menos 10 años), vivir cada sesión como si fuera un examen solo aumenta la probabilidad de equivocarse.
Reaccionar demasiado deprisa a las tensiones geopolíticas rara vez es una buena decisión cuando se invierte a 5 o 10 años.
Si vende, hágalo con un plan de vuelta
Reducir riesgo puede tener sentido, pero vender “para quedarse fuera” es el verdadero peligro. El daño suele venir de salir tras la caída y no volver a entrar en el rebote. Si decide vender, marque por adelantado condiciones de retorno: cuánto, cuándo y cómo volverá a invertir. La disciplina, en tiempos de guerra y volatilidad, es su mejor protección.
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