Sustituto de los gases fósiles
El hidrógeno se puede utilizar como materia prima, combustible y se puede transportar y almacenar, por lo que su potencial en la industria, el transporte y la construcción es innegable. Su uso no emite CO2 y si es “verde”– al ser su generación con la electrolisis del agua, gracias a energía eléctrica eólica, solar o marina –, tampoco. De ahí, su papel fundamental en la estrategia climática y energética de la Unión Europea. El objetivo es que sustituya gradualmente a los gases fósiles como el gas natural. Actualmente, hay apenas un gigavatio de electrolizadores de hidrógeno “verde” instalados en la UE. Se espera que sean al menos 6 en 2024 (producirían cerca de un millón de toneladas de hidrógeno renovable), 40 gigavatios en 2030 (10 millones de toneladas), llegando a estar presente a gran escala en todos los sectores de difícil descarbonización en 2050. Esto supondrá el desarrollo de una gran industria a su alrededor que podría alcanzar el millón de trabajadores en la UE y satisfacer el 24% de la demanda global de energía, con ventas anuales que ronden los 630 mil millones de euros.
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