Un banco apoyado en España y México
BBVA es hoy un banco muy diversificado, aunque con dos pilares claramente dominantes: España y México. A ellos se suman Turquía, a través de Garanti BBVA, América del Sur y el negocio mayorista internacional. Sus principales actividades son la banca comercial, la financiación a empresas y particulares, los seguros, la gestión de activos y los servicios de pago.
El peso de cada mercado ayuda a entender mejor la evolución del grupo. En el primer trimestre de 2026, México fue el principal motor de beneficios, con 1.453 millones de euros de beneficio atribuido. España aportó 1.095 millones, Turquía 263 millones, América del Sur 249 millones y el resto de negocios 236 millones. El centro corporativo restó 305 millones. Es decir, México y España explican la mayor parte del resultado del grupo y son, por tanto, las áreas que más condicionan su valoración.
México aporta crecimiento, rentabilidad y una posición competitiva muy relevante para BBVA. Es uno de los grandes atractivos del grupo, pero también una fuente de riesgo si el entorno económico se deteriora. España, por su parte, ofrece un negocio más maduro y estable, beneficiado en los últimos años por la subida de los tipos de interés y por una buena disciplina de costes. Turquía y América del Sur añaden potencial, pero también más volatilidad por inflación, divisas y ciclos económicos menos previsibles.
El crédito al consumo no domina el balance
El crédito al consumo es relevante, sobre todo desde el punto de vista del riesgo, pero no es el núcleo del balance de BBVA. A cierre de marzo de 2026, el banco tenía 491.614 millones de euros en créditos brutos a clientes. De ellos, 252.389 millones correspondían a empresas, 101.141 millones a hipotecas, 54.078 millones a consumo y 29.552 millones a tarjetas.
Por tanto, consumo y tarjetas rondan conjuntamente el 17% del crédito bruto. Es una exposición significativa y conviene vigilarla, porque estos préstamos suelen ser más sensibles al ciclo económico y presentan mayor riesgo de impago que las hipotecas o la financiación a empresas de mayor calidad. Pero no estamos ante un banco cuyo balance dependa principalmente del crédito al consumo.
Esta composición del balance nos parece importante para matizar los riesgos. Un eventual deterioro en consumo o tarjetas podría presionar las provisiones, sobre todo en mercados como México, pero no debería alterar por sí solo la tesis de inversión si el resto del negocio mantiene su fortaleza.
Resultados sólidos y buena eficiencia
Los resultados siguen siendo sólidos. En el primer trimestre de 2026, el beneficio atribuido alcanzó 2.989 millones de euros, un 10,8% más que un año antes. El margen de intereses creció con fuerza, las comisiones también avanzaron y el beneficio por acción subió hasta 0,51 euros, frente a 0,45 euros un año antes.
Estas cifras confirman que BBVA sigue aprovechando bien su base de negocio. El margen de intereses continúa siendo un soporte importante, aunque es razonable pensar que el fuerte impulso de los tipos de interés tenderá a moderarse con el tiempo. Por eso, la evolución de las comisiones, la eficiencia y el control del riesgo serán cada vez más relevantes para sostener el crecimiento de los beneficios.
Para el conjunto de 2026 prevemos que el beneficio por acción crezca en torno al 10%, apoyado en la buena marcha del negocio ordinario, la eficiencia y una posición de capital cómoda. Es una previsión favorable, pero no exenta de exigencia: el mercado ya espera mucho de BBVA y cualquier señal de debilidad en sus principales áreas de negocio podría pesar en la cotización.
Dividendo, recompras y solvencia
La solvencia es uno de los puntos fuertes de BBVA. La ratio CET1 se situó en el 12,83% a marzo de 2026, por encima del rango objetivo de gestión del banco, situado entre el 11,5% y el 12%, y con un amplio margen sobre el requisito regulatorio CET1 del 8,98%.
Esta posición de capital proporciona flexibilidad. Permite absorber mejor eventuales deterioros del crédito, sostener el crecimiento del balance y mantener una política atractiva de remuneración al accionista. Además, reduce el riesgo de que el banco tenga que recortar de forma brusca su dividendo si el entorno se complica.
A ello se suma la reciente mejora de calificación de Fitch, que elevó el rating emisor a largo plazo de BBVA desde A- hasta A, con perspectiva estable. Esta mejora no cambia por sí sola nuestra valoración, pero sí refuerza la percepción de calidad crediticia del grupo y puede favorecer su coste de financiación.
También vemos margen para una política de dividendos atractiva. BBVA mantiene una política de distribución de entre el 40% y el 50% del beneficio ordinario consolidado, combinando dividendos en efectivo y, cuando proceda, recompras. Para el ejercicio 2025, el dividendo bruto total ascendió a 0,92 euros por acción, con 0,32 euros ya abonados en noviembre y 0,60 euros pagados en abril de 2026. Si nuestras previsiones de beneficio se cumplen, el dividendo debería seguir creciendo de forma gradual.
Pero la clave para el inversor no está solo en que BBVA gane más o reparta un dividendo atractivo. También importa valorar si la acción sigue ofreciendo recorrido tras su fuerte subida, qué riesgos pueden pesar en los próximos trimestres y cómo actuar si ya ocupa un peso elevado en la cartera.
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¿Sigue teniendo BBVA argumentos para el accionista tras su fuerte subida en Bolsa?
Sí. Tras varios años de fuerte subida en Bolsa, BBVA se ha tomado un respiro en 2026. No nos parece extraño: después de haber multiplicado prácticamente por tres su cotización en los últimos cuatro años, el mercado exige ahora nuevos argumentos para seguir premiando al valor. Y esos argumentos existen, aunque no bastan, a nuestro juicio, para cambiar nuestro consejo.
BBVA sigue siendo un banco rentable, bien gestionado y con una posición de capital cómoda. Además, mantiene buenas perspectivas de beneficio y una política de remuneración atractiva para el accionista. Ahora bien, una parte importante de esas buenas noticias ya está reflejada en la cotización. Por eso, consideramos que la acción está correctamente valorada.
Un banco apoyado en España y México
BBVA es hoy un banco muy diversificado, aunque con dos pilares claramente dominantes: España y México. A ellos se suman Turquía, a través de Garanti BBVA, América del Sur y el negocio mayorista internacional. Sus principales actividades son la banca comercial, la financiación a empresas y particulares, los seguros, la gestión de activos y los servicios de pago.
El peso de cada mercado ayuda a entender mejor la evolución del grupo. En el primer trimestre de 2026, México fue el principal motor de beneficios, con 1.453 millones de euros de beneficio atribuido. España aportó 1.095 millones, Turquía 263 millones, América del Sur 249 millones y el resto de negocios 236 millones. El centro corporativo restó 305 millones. Es decir, México y España explican la mayor parte del resultado del grupo y son, por tanto, las áreas que más condicionan su valoración.
México aporta crecimiento, rentabilidad y una posición competitiva muy relevante para BBVA. Es uno de los grandes atractivos del grupo, pero también una fuente de riesgo si el entorno económico se deteriora. España, por su parte, ofrece un negocio más maduro y estable, beneficiado en los últimos años por la subida de los tipos de interés y por una buena disciplina de costes. Turquía y América del Sur añaden potencial, pero también más volatilidad por inflación, divisas y ciclos económicos menos previsibles.
El crédito al consumo no domina el balance
El crédito al consumo es relevante, sobre todo desde el punto de vista del riesgo, pero no es el núcleo del balance de BBVA. A cierre de marzo de 2026, el banco tenía 491.614 millones de euros en créditos brutos a clientes. De ellos, 252.389 millones correspondían a empresas, 101.141 millones a hipotecas, 54.078 millones a consumo y 29.552 millones a tarjetas.
Por tanto, consumo y tarjetas rondan conjuntamente el 17% del crédito bruto. Es una exposición significativa y conviene vigilarla, porque estos préstamos suelen ser más sensibles al ciclo económico y presentan mayor riesgo de impago que las hipotecas o la financiación a empresas de mayor calidad. Pero no estamos ante un banco cuyo balance dependa principalmente del crédito al consumo.
Esta composición del balance nos parece importante para matizar los riesgos. Un eventual deterioro en consumo o tarjetas podría presionar las provisiones, sobre todo en mercados como México, pero no debería alterar por sí solo la tesis de inversión si el resto del negocio mantiene su fortaleza.
Resultados sólidos y buena eficiencia
Los resultados siguen siendo sólidos. En el primer trimestre de 2026, el beneficio atribuido alcanzó 2.989 millones de euros, un 10,8% más que un año antes. El margen de intereses creció con fuerza, las comisiones también avanzaron y el beneficio por acción subió hasta 0,51 euros, frente a 0,45 euros un año antes.
Estas cifras confirman que BBVA sigue aprovechando bien su base de negocio. El margen de intereses continúa siendo un soporte importante, aunque es razonable pensar que el fuerte impulso de los tipos de interés tenderá a moderarse con el tiempo. Por eso, la evolución de las comisiones, la eficiencia y el control del riesgo serán cada vez más relevantes para sostener el crecimiento de los beneficios.
Para el conjunto de 2026 prevemos que el beneficio por acción crezca en torno al 10%, apoyado en la buena marcha del negocio ordinario, la eficiencia y una posición de capital cómoda. Es una previsión favorable, pero no exenta de exigencia: el mercado ya espera mucho de BBVA y cualquier señal de debilidad en sus principales áreas de negocio podría pesar en la cotización.
Dividendo, recompras y solvencia
La solvencia es uno de los puntos fuertes de BBVA. La ratio CET1 se situó en el 12,83% a marzo de 2026, por encima del rango objetivo de gestión del banco, situado entre el 11,5% y el 12%, y con un amplio margen sobre el requisito regulatorio CET1 del 8,98%.
Esta posición de capital proporciona flexibilidad. Permite absorber mejor eventuales deterioros del crédito, sostener el crecimiento del balance y mantener una política atractiva de remuneración al accionista. Además, reduce el riesgo de que el banco tenga que recortar de forma brusca su dividendo si el entorno se complica.
A ello se suma la reciente mejora de calificación de Fitch, que elevó el rating emisor a largo plazo de BBVA desde A- hasta A, con perspectiva estable. Esta mejora no cambia por sí sola nuestra valoración, pero sí refuerza la percepción de calidad crediticia del grupo y puede favorecer su coste de financiación.
También vemos margen para una política de dividendos atractiva. BBVA mantiene una política de distribución de entre el 40% y el 50% del beneficio ordinario consolidado, combinando dividendos en efectivo y, cuando proceda, recompras. Para el ejercicio 2025, el dividendo bruto total ascendió a 0,92 euros por acción, con 0,32 euros ya abonados en noviembre y 0,60 euros pagados en abril de 2026. Si nuestras previsiones de beneficio se cumplen, el dividendo debería seguir creciendo de forma gradual.
Riesgos que conviene vigilar
El principal riesgo está en la calidad del crédito y en la exposición a mercados más volátiles. México es una gran fuente de beneficios para BBVA, pero también presenta un coste de riesgo elevado: 3,45% en marzo de 2026. Ese dato no invalida el atractivo del negocio mexicano, pero sí recuerda que su rentabilidad viene acompañada de mayor riesgo que en mercados más maduros.
Turquía aporta crecimiento, pero sigue sometida a inflación, volatilidad cambiaria y tensiones macroeconómicas. Allí el coste de riesgo se situó en el 2,53%. La contribución de Garanti BBVA puede ser valiosa en fases favorables, pero el accionista debe asumir que se trata de un mercado menos previsible, donde los movimientos de divisa, tipos e inflación pueden alterar con rapidez la lectura de los resultados.
En el conjunto del grupo, el coste del riesgo fue del 1,54%, frente al 1,39% de cierre de 2025, y los deterioros de activos financieros crecieron un 35% a tipos constantes. No son cifras alarmantes para una entidad que mantiene una elevada rentabilidad y una fuerte generación de beneficios, pero sí merecen vigilancia. En un banco, la calidad del crédito suele ser el elemento que convierte un buen ciclo de resultados en una historia sostenible… o en una decepción para el mercado.
Perspectiva para el accionista
A corto plazo, la acción puede seguir acusando la toma de beneficios tras su fuerte recorrido, la normalización de los tipos de interés y cualquier señal de deterioro en México o Turquía. Además, una parte importante de las buenas noticias —alta rentabilidad, fuerte generación de capital y remuneración al accionista— ya está incorporada en la cotización.
A largo plazo, sin embargo, BBVA conserva cualidades que justifican mantener la posición: alta rentabilidad sobre el capital, buena eficiencia, diversificación geográfica, presencia destacada en México, solvencia cómoda y capacidad para seguir remunerando al accionista. No vemos motivos para vender precipitadamente, pero tampoco margen suficiente de infravaloración para recomendar comprar con entusiasmo tras el gran recorrido acumulado.
Nuestro consejo para esta acción sigue siendo mantener. BBVA sigue siendo un banco bien gestionado, rentable y solvente, con buenas perspectivas de beneficio y dividendo. Pero, a los precios actuales, la acción nos parece correctamente valorada. Quienes ya sean accionistas pueden conservarla; quienes estén fuera deberían esperar una ocasión más atractiva.
No obstante, tras la fuerte subida de los últimos años, si su posición se ha revalorizado mucho y pesa demasiado en su cartera, puede ser razonable vender una parte para equilibrar riesgos y evitar una concentración excesiva en un solo valor.
Cotización en el momento del análisis: 18,93 EUR
Valoración: Acción correcta.
Consejo: MANTENGA.
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