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Cómo le afecta a la economía americana la política de la Reserva Federal.

La Reserva Federal americana no controla toda la curva de tipos en EE.UU: vea por qué.

Publicado el  31 agosto 2026

La Fed no puede con todo: cuidado con los bonos a largo plazo

Los tipos de los bonos a largo plazo siguen elevados pese a las expectativas sobre la Fed. Explicamos por qué y qué alternativas tiene el inversor.

La Fed controla los tipos a corto plazo, no toda la curva de tipos

"No luches contra la Fed”, dice uno de los viejos lemas de Wall Street. Pero conviene añadir algo: tampoco la Fed puede luchar contra todo. El banco central yanqui decide el precio oficial del dinero a corto plazo, pero no puede garantizar que bajen los tipos que paga su Gobierno, las empresas o las familias cuando se endeudan a largo plazo.

La semana pasada, la rentabilidad de las obligaciones gubernamentales estadounidenses a 30 años llegó al 5,3%, su nivel más alto desde 2007. Y no fue un movimiento aislado; también repuntaron los rendimientos de la deuda a largo plazo en Alemania, Francia y Japón. Detrás de estas subidas hay un temor común: que la inflación siga siendo persistente y que los Estados tengan que emitir cada vez más deuda para financiar sus elevados déficits.

Qué suponen las palabras de Kevin Warsh

Este es el contexto en el que se llegó a la gran reunión anual de los banqueros centrales, el foro de Jackson Hole. El viernes 28, Kevin Warsh pronunció su primer gran discurso como presidente de la Reserva Federal. Allí confirmó que la inflación en EE.UU. es demasiado elevada (3,7%), que el objetivo del 2% es firme y que, si la inflación subyacente no avanza hacia ese objetivo con suficiente claridad y rapidez, la Fed tendrá “trabajo por hacer”. Unas palabras que hicieron despegar en el mercado de futuros la probabilidad implícita de una subida de tipos en septiembre desde el 35% al 60%.

La reacción en el mercado de renta fija estadounidense fue más intensa en el tramo corto -el rendimiento de los títulos a dos años subió cerca de 12 puntos básicos-, mientras que el movimiento en los plazos largos (20-30 años) apenas se notó. Y es que en los intereses a largo influyen más las expectativas de inflación, el crecimiento económico, el volumen de deuda que debe absorber el mercado y la prima que los inversores exigen por prestar su dinero tanto tiempo, que el precio de la liquidez que pueda inyectar a corto plazo la FED. Y la percepción de descontrol del gasto público y el aumento de emisiones para financiarlo sigue igual.

¿Consecuncias para su cartera? 

Todo ello tendrá consecuencias para las carteras de los inversores. Un bono a 30 años puede parecer atractivo con una rentabilidad superior al 5%, pero su precio es muy sensible a los cambios de tipos. Una subida de los tipos a 30 años desde el 5,3% al 5,8% implicaría que el valor de sus obligaciones -o el fondo que en ellas invierta- caiga de repente cerca de un 15%. Claro que el movimiento es inverso en caso de caída de tipos, y por ello hay quien gusta de las obligaciones a más largo plazo por su cariz “especulativo”. Quien quiera invertir en Estados Unidos con prudencia tiene alternativas menos expuestas a este riesgo si sabe jugar con la duración de su cartera (vea pág. 11). Eso sí, para un inversor en euros sigue existiendo riesgo de cambio por la evolución del dólar..

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