Oriente marcará el paso
Los inversores empezaron 2026 confiando en que la inflación estaría controlada y en que los bancos centrales podrían seguir bajando los tipos de interés. El crédito más barato debía sostener la economía y permitir otro año de crecimiento moderado. Sin embargo, la realidad ha sido otra. La guerra en Oriente Medio y el foco de tensión en el estrecho de Ormuz limitaron la oferta de petróleo y gas, lo que encareció la energía y reavivó las presiones inflacionistas. En Estados Unidos, la inflación pasó del 2,4% a comienzos de año al 3,8% en junio. En la zona euro, que había llegado a situarse dentro del objetivo del 2%, repuntó hasta el 3,2% en mayo (2,8% en junio).
· Este cambio ha alterado por completo las expectativas de los mercados. Las rentabilidades de los títulos de renta fija han subido de forma generalizada, el crédito se ha endurecido y el Banco Central Europeo (BCE) ya ha elevado los tipos oficiales un 0,25 % en junio, y no descarta nuevas subidas. En principio, este entorno debería haber pesado con fuerza sobre las Bolsas, sobre todo en un momento de incertidumbre comercial, menor confianza de los consumidores y pérdida de poder adquisitivo. Pero los mercados han resistido, impulsados por los beneficios empresariales y, sobre todo, por la inteligencia artificial (IA).
EE.UU: un mercado difícil de evitar
La evolución de Wall Street en los próximos meses dependerá en gran medida de la situación geopolítica. Con las elecciones legislativas de mitad de mandato en el horizonte, Donald Trump tiene un incentivo adicional para favorecer un acuerdo con Irán que contribuya a reducir el precio de los carburantes. Una normalización de las exportaciones de petróleo aliviaría la presión sobre la energía y reforzaría la confianza de consumidores e inversores. Aunque recuperar por completo los suministros llevaría tiempo, la expectativa de mayor estabilidad sería positiva para los mercados.
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Oriente marcará el paso
Los inversores empezaron 2026 confiando en que la inflación estaría controlada y en que los bancos centrales podrían seguir bajando los tipos de interés. El crédito más barato debía sostener la economía y permitir otro año de crecimiento moderado. Sin embargo, la realidad ha sido otra. La guerra en Oriente Medio y el foco de tensión en el estrecho de Ormuz limitaron la oferta de petróleo y gas, lo que encareció la energía y reavivó las presiones inflacionistas. En Estados Unidos, la inflación pasó del 2,4% a comienzos de año al 3,5% en junio. En la zona euro, que había llegado a situarse dentro del objetivo del 2%, repuntó hasta el 3,2% en mayo (2,8% en junio).
· Este cambio ha alterado por completo las expectativas de los mercados. Las rentabilidades de los títulos de renta fija han subido de forma generalizada, el crédito se ha endurecido y el Banco Central Europeo (BCE) ya ha elevado los tipos oficiales un 0,25 % en junio, y no descarta nuevas subidas. En principio, este entorno debería haber pesado con fuerza sobre las Bolsas, sobre todo en un momento de incertidumbre comercial, menor confianza de los consumidores y pérdida de poder adquisitivo. Pero los mercados han resistido, impulsados por los beneficios empresariales y, sobre todo, por la inteligencia artificial (IA).
EE.UU: un mercado difícil de evitar
La evolución de Wall Street en los próximos meses dependerá en gran medida de la situación geopolítica. Con las elecciones legislativas de mitad de mandato en el horizonte, Donald Trump tiene un incentivo adicional para favorecer un acuerdo con Irán que contribuya a reducir el precio de los carburantes. Una normalización de las exportaciones de petróleo aliviaría la presión sobre la energía y reforzaría la confianza de consumidores e inversores. Aunque recuperar por completo los suministros llevaría tiempo, la expectativa de mayor estabilidad sería positiva para los mercados.
· Más allá de este factor coyuntural, la bolsa estadounidense mantiene sólidos argumentos de fondo. La IA sigue siendo un importante motor de crecimiento, pero el liderazgo se está extendiendo a ámbitos como las infraestructuras, la computación cuántica, el espacio o la defensa. Esta capacidad para generar nuevas empresas líderes, atraer capital e impulsar la innovación hace que el mercado estadounidense siga siendo, en nuestra opinión, difícil de sustituir en una cartera diversificada. Además, el dólar seguirá condicionado por la política monetaria estadounidense y por su papel de activo refugio. Una mejora del escenario geopolítico podría restarle algo de apoyo; una nueva escalada, en cambio, volvería a favorecerlo.
| A 1 año | A 10 años | |||
|---|---|---|---|---|
| Fin 2025 | A mitad de año | Fin 2025 | A mitad de año | |
| España | 2,18 | 2,66 | 3,36 | 3,78 |
| Italia | 2,2 | 2,79 | 3,55 | 4,16 |
| Francia | 3,48 | 2,6 | 3,56 | 3,59 |
| EE.UU | 3,48 | 3,98 | 4,18 | 4,44 |
| Japón | 1,17 | 1,43 | 2,07 | 2,68 |
Asia: auge tecnológico
Un acuerdo de paz en Oriente Próximo sería especialmente favorable para Asia dada su elevada dependencia del petróleo de la región. La reducción de los costes energéticos aliviaría la presión sobre unas economías ya afectadas por los aranceles de Estados Unidos y por la creciente competencia china en sectores tradicionales como el automóvil, la construcción naval o la electrónica de consumo. Sin embargo, esta debilidad económica contrasta con el fuerte comportamiento de las bolsas de Taiwán, Corea del Sur y Japón, impulsadas por las grandes tecnológicas y compañías de semiconductores.
· Mientras continúe el auge de la IA, estos mercados podrían seguir destacando y, en conjunto, con una valoración en torno a las 20 veces los beneficios, no parecen muy caros. Eso sí, buena parte de las subidas se concentran en un reducido número de empresas que cotizan a precios muy exigentes, lo que aumenta el riesgo de una corrección si las expectativas se enfrían. Así, preferimos mantenernos al margen.
Europa requiere más selección
Europa se ha quedado al margen del crecimiento tecnológico que impulsa a Estados Unidos y Asia. Cuenta con pocas grandes compañías líderes en este ámbito, como ASML, SAP o Infineon, y muchas de ellas dependen todavía del consumo chino. El fin del conflicto en Oriente Próximo aliviaría la factura energética y daría algo de oxígeno a una economía marcada por la debilidad de la demanda, la escasa inversión y el encarecimiento del crédito tras la subida de tipos del BCE. Aun así, el crecimiento de la eurozona seguiría siendo modesto -un 0,8% para 2026 y 1,2% para 2027-. Por ello, no vemos ahora la eurozona como una región especialmente atractiva en su conjunto, aunque mercados como España y Portugal podrían comportarse algo mejor. Preferimos seleccionar valores concretos antes que invertir de forma amplia en la zona. Consulte nuestro comparador de acciones.
· Fuera del euro, evitamos Reino Unido por sus problemas de deuda y su escaso margen de maniobra. No hay que perder de vista a Suecia por su apuesta por la innovación, pero nuestro mercado europeo favorito sigue siendo Polonia -presente en nuestras estrategias globales con un peso del 5%-, apoyado en un consumo sólido, la llegada de fondos europeos y el posible impulso de un eventual fin de la guerra en Ucrania.
China y emergentes: con moderación
China es una de las grandes incógnitas de la segunda mitad del año. Es la única economía capaz de competir con Estados Unidos en innovación, pero sigue un modelo distinto: apuesta por una inteligencia artificial más barata, accesible y orientada a mejorar la productividad, no tanto a generar beneficios extraordinarios para unas pocas compañías. Si este enfoque gana terreno, podría cuestionar la rentabilidad de las enormes inversiones realizadas por los gigantes tecnológicos estadounidenses y aumentar el riesgo de una corrección en el sector.
· Fuera de la tecnología, la economía china seguirá creciendo a un ritmo elevado, con un objetivo oficial de entre el 4,5% y el 5% para el conjunto del año. Sus exportaciones continúan ganando competitividad y avanzando hacia productos de mayor valor añadido, lo que puede agravar las tensiones comerciales. Pese a estos riesgos, China conserva importantes ventajas estratégicas y creemos que sigue teniendo sentido mantener exposición a su bolsa.
Emergentes
El comportamiento de los mercados emergentes ha sido desigual. India e Indonesia han sufrido por su elevada dependencia energética y el impacto del conflicto en Oriente Próximo, que ha debilitado sus monedas, la demanda interna y las bolsas. En Indonesia se añaden las dudas sobre la intervención del Gobierno y la seguridad jurídica, que están frenando la inversión extranjera. Aun así, ambos países conservan un elevado potencial de crecimiento y podrían recuperarse con fuerza si mejora el escenario energético. Tras mantener nuestra exposición durante la fase más difícil, seguimos confiando en una recuperación.
· Brasil y México han resistido mejor. Brasil se beneficia del aumento de su producción de petróleo, de su riqueza en materias primas estratégicas y de la expectativa de bajadas de tipos, factores que deberían apoyar el consumo y la bolsa, aunque las elecciones de octubre de 2026 introducen incertidumbre. México afrontará más volatilidad por la renegociación del acuerdo comercial con Estados Unidos, pero su fuerte integración industrial con su vecino del norte y el bajo desempleo siguen siendo ventajas importantes. Esperamos bastante ruido político, pero pocos cambios de fondo, por lo que mantenemos nuestra inversión en ambos mercados.
Renta fija, de calidad
La subida de las rentabilidades de los bonos y obligaciones ha devuelto atractivo a una parte de la renta fija, pero también ha recordado sus riesgos. Los bonos y obligaciones de buena calidad y vencimientos cortos o intermedios ofrecen ahora una remuneración razonable y pueden estabilizar una cartera mixta. En cambio, aquellos a muy largo plazo siguen siendo sensibles a nuevas sorpresas de inflación. En deuda corporativa, y en especial la high yield, los diferenciales se han estrechado y no siempre compensan el deterioro que puede causar un crédito más caro en empresas muy endeudadas. Por tanto, priorizamos deuda pública y corporativa de calidad, con duración moderada y diversificada por emisores.
¿Y el oro?
Tras corregir desde su récord de 5.400 dólares hasta los 4.000 en junio, el oro conserva un sólido avance interanual del 26,2%. Aunque los altos tipos en los EE. UU. y una eventual calma geopolítica podrían limitar su avance en el segundo semestre, el apetito de los bancos centrales y su papel de refugio siguen dándole soporte. Sigue siendo un activo idóneo para diversificar y proteger su cartera.