En general, los inversores somos optimistas sobre las expectativas de rentabilidad. Constantemente influidos por titulares de escaladas bursátiles vigorosas, queda el poso de que esto es lo normal. Sin embargo, la realidad es tozuda y los rendimientos que es razonable obtener de forma mantenida en el tiempo están muy por debajo de esas rentabilidades de dos dígitos. Se lo explicamos con datos.
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