Manipulación de datos
Obtener un rendimiento interesante controlando al mismo tiempo el riesgo es todo un reto en los tiempos que corren. Dentro de una estrategia diversificada, la incorporación a la misma de inversiones cuya evolución sea ajena a la de las bolsas y a la vez procuren unos jugosos rendimientos -lo que se conoce como inversiones alternativas- se perfila cada vez con más fuerza como una opción. Los inversores pueden acceder ahora a muchos de estos nuevos activos (obras de arte, vino, huertos solares, locales comerciales…) cuyas rentabilidades siempre parecen ser fantásticas. Sin embargo, un examen más detallado de las mismas muestra que los datos son fácilmente manipulables. No es oro todo lo que reluce. Se lo explicamos.
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Manipulación de datos
Obtener un rendimiento interesante controlando al mismo tiempo el riesgo es todo un reto en los tiempos que corren. Dentro de una estrategia diversificada, la incorporación a la misma de inversiones cuya evolución sea ajena a la de las bolsas y a la vez procuren unos jugosos rendimientos -lo que se conoce como inversiones alternativas- se perfila cada vez con más fuerza como una opción. Los inversores pueden acceder ahora a muchos de estos nuevos activos (obras de arte, vino, huertos solares, locales comerciales…) cuyas rentabilidades siempre parecen ser fantásticas. Sin embargo, un examen más detallado de las mismas muestra que los datos son fácilmente manipulables. No es oro todo lo que reluce. Se lo explicamos.
Información al inversor
Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Esta es una de las grandes advertencias en materia de información al inversor. Sabia advertencia, sin duda. Pero cuando vamos a realizar una nueva inversión, por ejemplo en un fondo, es inevitable echar un vistazo a las rentabilidades pasadas ya que una trayectoria continuada y larga de buenos resultados, constituye sin duda uno de los factores a evaluar por cualquier inversor a la hora de depositar su confianza en un gestor. Cuando se trata de productos de inversión “tradicionales” como fondos, acciones, divisas… los datos que se toman para calcular sus rendimientos se basan en medidas estadísticas “fiables”, cuya procedencia en general no se suele cuestionar al estar estandarizados y provenir de fuentes oficiales, como por ejemplo de las propias bolsas.
• Ahora bien, muy cuestionables resultan esos rendimientos de los que presumen ciertas inversiones alternativas ilíquidas, obras de arte por ejemplo, pues en estos casos, sus cifras y datos pueden ser maquillados para persuadirnos de lo mucho que podríamos ganar con ellos.
¿Y las rentabilidades bursátiles?
Utilizar las rentabilidades de los índices más conocidos a la hora de hablar de rendimientos bursátiles, como p.ej. el Ibex 35 en el caso de la bolsa patria, no es fiable del todo. Y es que la mayoría de los índices bursátiles son de precios y no de rentabilidades. Esto es, recogen la evolución del precio de las acciones pero no los dividendos pagados ni las ampliaciones de capital realizadas, que usted sí recibiría si comprase esas acciones. Y si además hablamos de rentabilidades obtenidas en bolsas internacionales, no debemos olvidar que esas revalorizaciones se expresan en las monedas locales de los países respectivos. Rendimientos que pueden ser muy diferentes al transformarse en euros.
• Para tener una visión lo más próxima a la realidad bursátil, además lo óptimo es utilizar un índice de retorno total, es decir que recoja dividendos y ampliaciones. Y para poder comparar las diferentes Bolsas mundiales “por el mismo rasero” es conveniente que sea un mismo agente quien los calcule con la misma metodología y los convierta a euros. Algo que p.ej. hace Datastream (del grupo Thomson Financial) al publicar los índices que nosotros utilizamos como referencia.
El arte de la persuasión
Algunas inversiones alternativas presumen de unas “fabulosas” rentabilidades, tras las cuales en muchos casos hay gato encerrado.
Inversiones en arte, en vino… En el caso de este tipo de inversiones ilíquidas, sus valoraciones y rendimientos son a menudo fruto de un ejercicio de optimismo desmesurado o incluso de una burda manipulación por parte de los departamentos de márquetin de las empresas que los comercializan. Para ello, basta con cambiar el periodo, el índice de referencia y la forma de presentar la información. Incluso se las ingenian para construir, a veces a posteriori, índices que nada tienen que ver con esos mercados a los que realmente el pequeño inversor puede acceder. Es el caso por ejemplo de las obras de arte, Los índices internacionales del mercado del arte que existen son escasos y poco representativos, no tienen en cuenta los gastos y suelen incluir otros bienes de lujo como coches o propiedades de prestigio. Además, dentro del mundo de la pintura las “apuestas” más seguras como inversión suelen ser las obras de grandes firmas. Pero para acceder a ellas se necesita disponer de miles o incluso millones de euros. Otra opción - más asequible y también más arriesgada- es la de apostar por obras de jóvenes artistas que aún no son demasiado conocidos, con la esperanza de que sus obras se revaloricen en el futuro. Sin embargo, realizar una valoración de estas obras no deja de ser un ejercicio subjetivo. Incluso sujeto al capricho de las modas y de las tendencias del momento.
Una mirada crítica
Obviamente, al igual que sucede p.ej. con las acciones, es posible poder dar “el pelotazo” con alguna obra de arte u otros activos ilíquidos. Pero en cualquier caso a la hora de invertir en un producto u otro no se deje llevar por esas rentabilidades demasiado prometedoras que pueden llevarle a engaño. Siempre analice los datos con una mirada crítica y compruebe que provienen de fuentes fiables e independientes como los que le proporcionamos en OCU Inversiones.