Una visión del riesgo más amplia
No son pocos los inversores que, al hablarles de riesgo, asimilan este concepto al de no sufrir pérdidas, es decir, poder recuperar al menos la totalidad del dinero que hayan invertido.Esta idea proviene de la época en la que los pequeños inversores contrataban a plazo fijo un producto con la garantía de recuperar lo invertido a su vencimiento más un interés, sin preocuparse en tal caso de nada más que de la solvencia de a quién confiaban su dinero, y entendiendo que el resto de las inversiones eran “de riesgo”. Hoy en día, siendo ya más los productos a su alcance que no tienen vencimiento -como ocurre con los ETF, planes, fondos de inversión, acciones…- que los que se contratan a un plazo fijo, hablar de riesgo requiere una visión lineal de las inversiones en el tiempo y, por tanto, algo más amplia.
Una visión del riesgo más amplia
No son pocos los inversores que, al hablarles de riesgo, asimilan este concepto al de no sufrir pérdidas, es decir, poder recuperar al menos la totalidad del dinero que hayan invertido.Esta idea proviene de la época en la que los pequeños inversores contrataban a plazo fijo un producto con la garantía de recuperar lo invertido a su vencimiento más un interés, sin preocuparse en tal caso de nada más que de la solvencia de a quién confiaban su dinero, y entendiendo que el resto de las inversiones eran “de riesgo”. Hoy en día, siendo ya más los productos a su alcance que no tienen vencimiento -como ocurre con los ETF, planes, fondos de inversión, acciones…- que los que se contratan a un plazo fijo, hablar de riesgo requiere una visión lineal de las inversiones en el tiempo y, por tanto, algo más amplia.
El riesgo, cuando no vencen
Por ello, hablar hoy de riesgo al inversor más sagaz supone más bien hablar de la amplitud de la horquilla en los rendimientos posibles a obtener de una inversión al cabo de un cierto plazo al cual debiera plantearse dicha inversión. Teniendo por menos arriesgadas aquellas inversiones cuyos resultados razonables se encuentran muy agrupados en torno a su rendimiento esperado -lo mínimo sería que sólo fuera posible un solo valor como ocurre al vencimiento de un depósito o una obligación, y por tanto la horquilla tuviera una amplitud nula- y por más arriesgadas aquellas cuya dispersión en los resultados puede ser mayor, o sea, que pueden alejarse más de la misma.
• Ahora bien, con una visión algo más miope también puede, y suele, hablarse del riesgo entendiendo por tal cómo puede oscilar dicho rendimiento en el corto plazo. Es decir, de la amplitud de la horquilla de resultados p.ej. a un mes o un año vista. Concepto este último que es el que precisamente manejan la mayoría de “termómetros” de riesgo.
Una horquilla con dos extremos
A nadie debiera escapársele que la amplitud de la horquilla puede jugar en su contra, pero también a su favor para aquellos que busquen precisamente el riesgo. Y es que, como norma general, si hacemos una previsión razonable del rendimiento esperado a obtener, un extremo y otro de la horquilla estarán equidistantes. Es decir, son aquellas inversiones más arriesgadas en las que también podrá ganar más, y una inversión en la que al cabo de 5 años pueda esperarse un rendimiento del 5% anual medio con un horquilla de rendimientos de 3 puntos por arriba y 3 por abajo, es decir pueda encontrarse su rendimiento entre un +2% y un +8%, será menos arriesgada que otra con ese mismo ren-dimiento esperado del 5% pero cuya horquilla sea de 18 puntos y sus resultados “finales” puedan encontrase entre el -13% y el +23%.
Y siempre, dentro de la Ley
Damos por descontado que todas las inversiones que usted lleva a cabo las realiza a través de un banco, bróker o intermediario financiero, debidamente registrado y autorizado por las autoridades españolas. Es el caso de todas las que aparecen recomendadas en OCU inversiones. Así evitará fraudes y estará acogido -salvo en el caso de los seguros- al menos con hasta 100.000 euros por un fondo de garantía de inversores (o por el FGD) en caso de que dicho intermediario no pueda devolverle su dinero o valores depositados. Huya de los chiringuitos financieros. Puede consultar nuestras advertencias al respecto en “El fraude y sus derechos”
• Pero esta regla general de la horquilla de los extremos equidistantes no siempre puede aplicarse. Cuando usted compra una acción o una criptomoneda, el límite superior puede jugar a su favor, ya que a lo sumo podrá perder la totalidad de la cantidad invertida, es decir un -100%, pero nada en teoría limita al alza su subida. Algo que no rompe la norma general porque inversiones que suben más de un 100%, o bien responden a situaciones excepcionales en momentos excepcionales como el de una empresa que p. ej. obtiene un descubrimiento que la puede hacer de oro como ocurrió con la farmacéutica Moderna y su vacuna Covid, o bien responden a burbujas que terminan explotando. Y ojo, que por el lado contrario cuando juega con productos derivados también puede encontrarse con horquillas no equidistantes que jueguen en su contra y no a su favor.
• Por ello no encontrará una inversión que le permita duplicar su dinero en poco tiempo sin que usted también asuma que puede perderlo todo en un plazo todavía más corto. Y sobre todo maneje previsiones de rendimiento razonables. Evite todas aquellas inversiones que prometan rendimientos desorbitados sin entender muy bien en qué consisten.
Los semáforos de riesgo
Es cierto que cuando asume un riesgo algo mayor puede esperar ser retribuido también con un rendimiento esperado algo mayor. Es decir, el centro de su horquilla suele estar más arriba. Ahora bien, cuando un pequeño inversor se enfrenta a una inversión, no es fácil que por sus propios medios sea consciente del berenjenal en el que se mete. Es decir, ni de la amplitud de la horquilla de resultados posibles, ni del centro de ésta, ni del plazo de maduración aconsejable, es decir del riesgo que va a asumir con la misma. De ahí por ejemplo el éxito en su día en la colocación de productos tóxicos por bancos y cajas de ahorro, o el miedo que se le ha quedado a muchos de ellos de forma que, a pesar de que saben que no están ganando nada, no se atreven a subir ningún escalón en la escalera el riesgo más allá del primero de depósitos o cuentas, o por el contrario, que los que buscan algo más de rendimiento salten a los escalones de más arriba o incluso caigan en manos de “chiringuitos” sin saber dónde se meten.
• La Ley del Mercado de Valores, que entró en vigor en 2016, intentó resolver el problema proporcionando un sistema de indicadores sencillo y claro, diseñado para que permitiera distinguir los productos por su riesgo y por su complejidad, a aquellos inversores sin conocimientos técnicos. Se trata del termómetro de riesgo que encontrará plasmado en los productos bancarios.Una primera aproximación que, a pesar de su buena intención, presenta más carencias que soluciones. Y es que ni recoge todos los productos, ni es el único semáforo existente – p. ej. los fondos de inversión tienen el propio-, ni su escala del 1 al 6 es intuitiva sin que sea lo mismo pasar del nivel 1 al 2 que del 5 al 6, o el estar en el nivel 1 no implica que, después de gastos, no se pueda perder dinero. Al final, el inversor encuentra para distintos productos distintas escalas de riesgo que pueden camuflar, más que ayudan a discernir, el verdadero sentido del riesgo de cada inversión.
• Por ello, le presentemos en el siguiente enlace y orden creciente de riesgo los principales productos financieros con el riesgo que hoy en día conllevan; nuestro semáforo del riesgo de los distintos productos de inversión.