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¿Quién controla el agua del grifo?

9 julio 2012
¿Quién controla el agua del grifo?

Si tenemos algún problema con el agua de nuestra casa, ¿a quién protestar? Son muchos los que no saben quién es responsable de que tengamos agua potable. Los resultados de encuestas de entidades relacionadas con la gestión del agua, como AEAS, demuestran que casi nunca nos quejamos. ¿Nos lo tragamos todo?

El agua que sale del grifo protagoniza muy pocas reclamaciones a lo largo del año: poco más del 1% de los consumidores según algunas encuestas, como la de AEAS.

Las escasas quejas se concentran en las ciudades de entre 20.000 y 50.000 habitantes, mientras que en las grandes ciudades los descontentos no llegan ni tan siquiera al 0,5%.

¿Nos lo tragamos todo o es que no sabemos cómo quejarnos?

¿Cómo reclamar?

Lo mejor es contactar directamente con quien nos presta el servicio, ya sea el propio Ayuntamiento o una empresa concesionaria. En caso de no recibir respuesta, el responsable ante quien protestar es el Servicio de Aguas del Ayuntamiento, independientemente de quien gestione el servicio.

El Servicio de Aguas se regula por un reglamento público que podemos pedir al Ayuntamiento o a la empresa suministradora. En este documento se especifican aspectos como periodos y tramos de facturación, presión mínima del agua, de quién son propiedad los contadores…

Para resolver nuestras dudas y apoyar nuestras reclamaciones tenemos que contar con este reglamento.

¿Merece la pena quejarse?

Si hay problemas con el agua, la estadística indica que reclamar compensa: el 58% de las quejas se resuelven a favor del cliente.

Las reclamaciones más frecuentes tienen que ver con los errores de facturación (un 56%), las lecturas de los contadores (11%) y la calidad del suministro (4%).

¿Quién controla el agua?

Lo habitual es que paguemos por el agua del grifo a una empresa concesionaria contra la que dirigimos nuestra ira cuando nos parece que pagamos demasiado. Pero en realidad quien aprueba y fija tanto los precios como las subidas es el Ayuntamiento, a través del Pleno y de la Comisión Municipal de Precios.

La gestión del agua es municipal, por lo que puede ser totalmente diferente de uno a otro Ayuntamiento, aunque la empresa concesionaria sea la misma.

La situación dista mucho de ser idílica. Los ayuntamientos no están obligado a redactar ningún reglamento, por lo que en algunos casos no existe y debe aplicarse el Reglamento de Interiores (RITE), que es absolutamente impreciso en cuanto al agua.

La realidad es que a menudo el consumidor se encuentra ante un incómodo vacío legal. Ante la falta de reglas que determinen qué es un servicio de calidad, suelen ser las propias empresas las que se fijan unos objetivos mínimos: el 52% se compromete a cumplir una serie de condiciones y promete indemnizar al cliente si no las cumple. Pero todo esto es voluntario y depende de la "buena voluntad" de las empresas.  

En la OCU creemos que es hora de poner orden. ¿Cómo es posible que algo tan esencial como el agua que bebemos no cuente con un organismo que regule la calidad del servicio?


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