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La agricultura ecológica, biológica u orgánica se basa en 4 puntos cardinales:
Antes de poder ser calificada de ecológica, una explotación debe pasar por un periodo de transición y adaptación a estas normas durante el que aún no puede comercializar sus productos como biológicos.
Todos deben llevar en su etiquetado la palabra "ecológico", "orgánico" o "biológico". Normalmente figura también el nombre de la entidad (pública o privada) que garantiza que se han seguido los estándares para la producción ecológica.
Los productos ecológicos de la Unión Europea incluyen este logo. Estamos en un periodo de transición hasta que se gasten los viejos etiquetados, pero a partir de julio de 2012 el logo europeo será el único que veamos en los alimentos biológicos producidos en nuestro continente.
Para alimentos extracomunitarios el logo es voluntario, pero siempre deberá especificarse el país de origen y la entidad que certifica que se trata de un alimento genuinamente ecológico.
Las normas de seguridad alimentaria se aplican por igual a todos los alimentos, aunque es cierto que los productos ecológicos superan un mayor número de controles. Su consumo no implica ningún riesgo para la salud.
Sin embargo, hay opiniones para todos los gustos. Hay quien considera que, al no usar pesticidas, los productos ecológicos quedan desprotegidos ante microorganismos patógenos y microtoxinas. Los agricultores biológicos se defienden argumentando que los productos convencionales contienen pesticidas y medicamentos que no son inocuos ni aunque se respeten los límites legales.
Las evidencias científicas no inclinan la balanza a favor de ninguno de los dos bandos. En nuestro último análisis de alimentos ecológicos no hemos detectado mayor incidencia de microtoxinas que otras veces. Sospechamos que los residuos de pesticidas encontrados en algunos productos ecológicos son debidos a la contaminación de aguas subterráneas, silos, molinos...
Es difícil saberlo con certeza. La revista American Journal of Clinical Nutrition publicó en 2010 una revisión de gran parte de la investigación científica realizada entre 1958 y 2008 sobre los efectos beneficiosos para la salud de los productos ecológicos. Se analizaron un total de 98.727 artículos, encontrándose 12 con resultados relevantes. Es un número limitado, y además había una alta variabilidad entre ellos.
No hay evidencias suficientes para asegurar que los productos ecológicos sean más sanos. Nuestro último análisis reafirma esta idea: no existen grandes diferencias entre las propiedades nutritivas de un producto ecológico y las de uno convencional.
Muchos menos que los productos convencionales, aunque alguno tienen. Por ejemplo, están autorizados para usar sulfitos en crustáceos, aunque tienen que demostrar que su uso es imprescindible. También pueden usar nitritos y nitratos en productos cárnicos.
Son ecológicos cuando el 95% de sus ingredientes proviene de producción ecológica. Como máximo el 5% restante puede ser de producción convencional, aunque debe justificarse: tienen que ser ingredientes de los que no hay disponible producción ecológica. La lista de estos ingredientes disminuye a gran velocidad debido a la expansión de las alternativas biológicas.
Si el porcentaje de ingredientes biológicos está entre el 70 y el 95%, no puede denominarse ecológico, aunque puede indicar que ha usado ingredientes ecológicos.
Si la cantidad ni tan siquiera llega al 70%, no puede hacerse ninguna mención salvo al referirse a los ingredientes concretos en el etiquetado.
Cada vez hay más oferta y ahora disponemos incluso de acuicultura ecológica: caviar, truchas, gambas, langostinos... En la fruta y verdura los recién llegados son las especias y frutas tropicales ecológicas.
Los productos pescados o cazados pueden ser etiquetados como ecológicos si respetan ciertos estándares en su preparación. Por ejemplo, el atún en lata puede ser ecológico si el aceite que se usa como aderezo lo es.
Sobre gustos no hay nada escrito, y los estudios científicos son poco concluyentes. Es difícil comparar y demostrar que un mejor sabor se debe a la forma de producción y no a una variedad de semilla, lugar de origen o temporada de recolección. Sobre todo porque en la agricultura ecológica suelen usarse variedades de plantas distintas a las de la agricultura convencional.
No es agricultura ecológica. Es un sistema de producción convencional que minimiza el uso de agua y pesticidas. No existe ninguna normativa europea para regularlo, son las propias Comunidades Autónomas las que lo hacen. Cuenta con una serie de logotipos para identificarse, pero no está respaldada por certificados como los de la agricultura ecológica.
Para conseguir un uso racional de los recursos y minimizar el impacto ambiental de la agricultura, es el sistema hacia el que deberían evolucionar todas las explotaciones convencionales.
Pese a lo que prometíamos al principio, es difícil responder a todas las preguntas, por lo que nos conformamos con que ahora te hagas muchas más que antes de leer esta guía básica. Si quieres profundizar, te ofrecemos mucha más información:
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