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Las 4 mentiras que te contaron sobre la leche

17 agosto 2015
Las 4 mentiras que te contaron sobre la leche

Empezaron siendo rumores propagados por Internet y respaldados por argumentos pedestres. Pero alrededor de estos mitos se han formado grupúsculos anti-leche con un único objetivo: convencerte de que uno de los pilares de nuestra dieta es prácticamente un veneno. 

En los últimos tiempos la pseudociencia ha conseguido colarnos otro de sus mensajes: la leche es mala. 

Se ha desatado una cruzada contra un alimento que sigue siendo esencial en nuestra dieta. Somos el quinto país de Europa que más leche consume y en ella nos gastamos un 12% de lo que destinamos a llenar el carro. 

Tumbamos una por una las 4 razones más usadas para satanizar a la leche:

1. Ningún otro animal la toma

La madre de todos los argumentos anti-leche: terminada la lactancia, ningún otro mamífero sigue tomándola.

¿Y bien? Somos un mamífero único en demasiados aspectos. Tenemos lenguaje, cultura, política, mercado, asociaciones de consumidores... 

También somos el único mamífero que puede conseguir leche de otros mamíferos. Así se explica que seamos los únicos que siguen tomándola: somos los únicos que pueden hacerlo. 

2. Un adulto no puede digerirla

Digerir mejor o peor la leche depende de si eres o no intolerante a la lactosa.   

En zonas donde la leche fue reducida o incluso eliminada de la dieta (la mayoría de África y Asia, por ejemplo), las adaptaciones genéticas han llevado a una mayor intolerancia a la lactosa (en el sudeste asiático, la práctica totalidad de la población). 

La propia industria láctea ha contribuido a la confusión, con todas las marcas comercializando una versión sin lactosa que se anuncia como "fácil de digerir". Como siempre, hay que ir a la letra pequeña para leer "apto para intolerantes a la lactosa". 

3. Provoca alergias

Hay que distinguir entre una intolerancia y una alergia. 

  • La intolerancia al azúcar de la leche (lactosa) suele aparecer en edad adulta. En los países mediterráneos, el porcentaje oscila entre el 15% y el 20% de la población. Los intolerantes pueden optar por tomar otros lácteos, sobre todo yogures, ya que contienen menos lactosa y sus fermentos producen enzimas que ayudan a la digestión. 
  • La alergia a la proteína de la leche aparece en edades muy tempranas, afecta a menos del 3% de los bebés y en el 80% de los casos desaparece por sí sola cuando el niño crece. Si no lo hace, el único tratamiento es eliminar la leche de la dieta. 

Ni la intolerancia ni la alergia son fenómenos mayoritarios. 

4. Es mala para el colesterol

Aunque en el pasado se relacionó la grasa de la leche con un mayor riesgo cardiovascular (sobre todo por el aumento del colesterol), esto ya no está tan claro

Si nos centramos en el colesterol presente en la leche, hay que señalar que el colesterol de los alimentos tiene una influencia testimonial en el colesterol sanguíneo. 

Pero lo fundamental es que debemos considerar los alimentos en su conjunto. Así, a las grasas saturadas presentes en la leche habría que sumar las grasas cardiosaludables también presentes (ácido oleico, ácido linoleico conjugado, ácidos grasos de cadena corta) y los oligopéptidos, que parecen jugar un papel a la hora de reducir la tensión arterial.



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