Su referencia
Una de las razones que hace 30 años nos llevó a la creación de una cartera de accionesfue el poder “competir” de manera sana y “cara a cara” con la gestión de los fondos de inversión cuyas elevadas comisiones se traducían a la larga en menores rentabilidades. Algo que también hemos conseguido y que podemos demostrar. ¿Cómo? Compa-rándonos con su referencia (además de con otros de sus “iguales” que han sobrevivido en el tiempo). Pero, ¿cuál es esta referencia?
Un índice global como referencia
Comparamos nuestra cartera con un índice global, en concreto con el
MSCI Global en euros, incluyendo los dividendos. Un indicador que sirve de guía en el mundo financiero para seguir la evolución del conjunto de las bolsas mundiales pero que, en nuestra opinión, tiene algunas importantes limitaciones. P.ej. es un índice que se calcula por capitalización (valor bursátil), de tal forma que más del 65% está invertido en los EE.UU cuando el peso de ese país en el conjunto de la economía global es alrededor del 30-35%. O que las 10 primeras empresas posicionadas suponen más del 16% del peso del índice y, de ellas, sólo hay una no estadounidense (la suiza Nestlé con menos del 0,8% del peso total). A nuestro juicio, una excesiva concentración de valores, sectores (de las 10 primeras posiciones, 7 pertenecen al sector tecnológico y suponen el 14% del peso total del índice) y países con la que con nuestros medios no podemos competir. Por ejemplo, no analizamos acciones de economías emergentes, ni el número de acciones extranjeras que analizamos es tan amplio en comparación con las que se incluyen en los índices. Otro ejemplo: el número de acciones de nuestra selección cotizadas en los EE.UU no llega al 25% del total de acciones. Pero, sobre todo, la principal razón de la dificultad para compararnos con el índice es nuestro estilo de gestión.
Una gestión activa
En efecto, nosotros gestionamos la
cartera Experto en acciones de una
forma activa. Un estilo de gestión con el que buscamos obtener el mayor rendimiento posible a largo plazo seleccionando los valores que nuestros analistas consideran atractivos (no incluimos en ella acciones caras o muy caras, algo que, por ejemplo, en la composición de los índices, no se tiene en cuenta) con el objetivo de componer una cartera correctamente distribuida tanto desde el punto de vista geográfico como sectorial.