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¿Tienes un mayor a tu cargo?

10 noviembre 2017
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10 noviembre 2017

Algunas personas mayores, con los años, empiezan a tener dificultades para gestionar sus cuentas bancarias y sus bienes. O bien padecen enfermedades incapacitantes, con lo que habitualmente es un familiar quien se hace cargo de esa tarea... Si tienes que ocuparte tú de sus cosas, te conviene saber cómo hacerlo bien.

Cada vez encontramos más casos de personas mayores que no pueden hacerse cargo de muchas gestiones económicas, y es alguien de su entorno cercano, normalmente un familiar, quien debe asumir esa responsabilidad. ¿Te enfrentas a una situación similar? ¿No sabes cómo hacerlo? Achaques propios de la edad, pero también enfermedades que afectan a su memoria y limitan su actividad: según sean los impedimentos que la persona mayor vaya presentando, así deberá ser tu actuación como encargado de sus gestiones.

1. Autorizado a disponer

En el caso de las cuentas corrientes, lo más fácil es operar de manera informal utilizando sus claves y PIN en el cajero y en la banca electrónica. Pero lo más correcto es que el titular te designe como autorizado a disponer para que puedas operar con la cuenta en su nombre.

2. Poder notarial general

La autorización para disponer presenta sus limitaciones: no podrás, entre otras cosas, cancelar una cuenta del titular ni abrir otra con mejores condiciones, ni siquiera un depósito. Para estas operaciones necesitarás que la persona mayor te otorgue un poder notarial. De los varios tipos de poderes notariales que existen, el “general” concede al apoderado amplias facultades, incluso de disposición sobre todo el patrimonio si se quiere. Lo expide un notario y cuesta unos 65 euros. Ahora bien, el poder podría anularse si la persona mayor que lo otorga llega a verse incapacitada.

3. Poder notarial preventivo

Cuando la persona mayor sale de la consulta del médico con el diagnóstico de Parkinson, Alzheimer o alguna enfermedad que le puede producir una demencia, ha llegado el momento de que empiece a dejar las cosas preparadas por si sufre una incapacidad. Para ello, al otorgar el poder notarial puede especificar que sus efectos subsistan aun en el caso de pérdida de capacidad. O alternativamente otorgar un poder notarial que solo pueda usarse una vez sobrevenida la incapacidad. Estos poderes “preventivos” presentan la gran ventaja de que a la persona designada como apoderado le permitirá gestionar el patrimonio sin tener que acudir a un proceso de modificación de la capacidad.

4. Tutor de una persona con capacidad modificada

Si no se ha acudido a un notario a tiempo y las facultades de la persona mayor o enferma se han deteriorado hasta el punto de que ya no puede obrar por sí sola, el siguiente y último paso es que un juez declare que es una “persona con capacidad modificada” (lo que hasta ahora se llamaba “incapaz”).

El proceso de modificación de la capacidad (también denominado “procedimiento de incapacitación judicial”) se inicia mediante demanda ante el juzgado de primera instancia de residencia del presunto incapaz. Es costoso en tiempo (puede durar más de un año) y en dinero (se necesita abogado y procurador).

En el mismo proceso se asigna un tutor para la persona con capacidad modificada. El juez tiene que aceptarte como tutor y tú tienes que comprometerte a cumplir con tus nuevas obligaciones, entre las que se encuentran hacer un inventario de los bienes del tutelado (justificado con notas simples del registro en el caso de los inmuebles y con certificados bancarios en el de las cuentas e inversiones) y rendir cuentas cada año ante el juez.


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