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Poca ética en la fabricación de edredones

13 febrero 2009 Archivado

13 febrero 2009 Archivado

La noticia de que algunos productos de IKEA se han elaborado con plumas obtenidas de animales vivos ha puesto en entredicho la responsabilidad social corporativa de la empresa, una multinacional comprometida con la producción responsable.

Desplumar aves vivas es una práctica de crueldad animal. Sin embargo, se ha tenido conocimiento de que, en China, algunos proveedores obtenían las plumas a partir de patos y gansos vivos. IKEA utilizaba esas plumas en el relleno de almohadas y edredones.

A buen seguro, la empresa sueca no es la única que ha empleado este tipo de material, pero sí es la que ha dado la cara, quizá por ser una gran compañía y porque en distintas ocasiones ha manifestado su compromiso con una producción ética. Fiel a este compromiso, IKEA emprendió una investigación para tratar de esclarecer los hechos, y ha comprobado, y así lo ha reconocido que algunos de sus proveedores chinos desplumaban animales vivos, aunque manifiesta que lo han hecho sin su conocimiento, incumpliendo los acuerdos en los que se establecían los principios de una producción responsable y “limpia”.

La empresa ha decidido emprender varias medidas:

  • Dejar de trabajar con los proveedores que recurrían esta cruenta práctica, sustituyéndolos por otras granjas en que no se desplumen aves vivas.
  • Poner en marcha un sistema de trazabilidad para los productos elaborados con pluma y plumón.
  • Comprometerse a que los consumidores que hayan adquirido los productos elaborados con estas plumas (el edredón Mysa Olvon y la almohada Gosa Näva) y se sientan “incómodos” por su procedencia puedan cambiar el producto o solicitar la devolución del dinero que por él pagaron. Para ello, deben dirigirse al establecimiento más cercano.

Este tipo de hechos demuestra que las buenas palabras y los acuerdos sobre el papel no bastan: es preciso establecer sistemas rigurosos para controlar que se cumplen los compromisos en la producción ética, y esto es lo que ha fallado en este caso. Aunque está bien la iniciativa de devolver el dinero a quienes se sientan “incómodos” usando este producto, desde la OCU pedimos que, si se deja esta decisión en manos de los consumidores, se les informe adecuadamente. Si IKEA no retira esos productos de la venta, al menos debería indicar que se han fabricado con pluma obtenida de animales vivos.

Visitamos una de sus tiendas y comprobamos que, a día 13 de febrero, el edredón Mysa Olvon y la almohada Gosa Näva siguen a la venta sin ningún aviso para los consumidores (se venden bajo el lema “confort para todos”: para todos… menos para los gansos.

E insistimos, la empresa sueca es la que ha reconocido el problema, pero es algo mucho más habitual.


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