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El fiasco de la pasta alternativa

15 enero 2016

15 enero 2016

Los espaguetis y macarrones de toda la vida, elaborados con trigo, se apartan para dejar paso a nuevos tipos de pasta. Pese a la espectacular publicidad, la mayoría de nutricionistas tacha esta moda de inútil. Además, su precio es superior y su sabor peor. 

Una cosa es ser celíaco y otra muy diferente no serlo pero comportarse como tal. Si eres celíaco, lo lógico y razonable es que destierres el gluten de tu dieta. Si no lo eres, ¿por qué querrías hacerlo?

Aunque va contra toda lógica, se extiende la creencia de que el gluten es malo no solo para los celíacos, la leche es mala no solo para los intolerantes a la lactosa... y a este paso acabamos satanizando buena parte de lo que tenemos en la despensa. 

El bulo de los "cereales antiguos"

Este nuevo negocio no se limita a las pastas sin gluten publicitadas como recomendables para el público general, sino que también se extiende hacia pastas hechas con cereales diferentes al trigo, a los que se califica de "antiguos". Por supuesto, ya existe una "dieta milagro" adoptada por algunas famosas. 

Se trata de cereales que hasta hace poco apenas se usaban debido a su escasa productividad. Tienen fama de ser más "naturales" y es un hecho que resultan más caros para el consumidor. 

Bienvenido al mundo de las pastas alternativas. Algunas ya están en tu supermercado y el resto llegará más pronto que tarde: 

  • Quinoa: es un pseudocereal cultivado en las regiones andinas. Sin gluten, aporta más proteínas y más grasas que el trigo. 
  • Kamut: es una variedad de trigo nutricionalmente idéntica al trigo de toda la vida (contiene gluten), pero por obra y gracia del marketing se ha convertido en la pasta de moda para quien quiere estar muy sano. Su alto precio se explica así: es una marca patentada en Estados Unidos, de donde es importado. 
  • Trigo sarraceno: aunque no es un cereal propiamente dicho, esta planta herbácea comparte propiedades nutricionales con el trigo pero no contiene gluten. 
  • Espirulina: es un alga que crece en los lagos salados. Se usa como complemento alimenticio al ser fuente de hierro y vitaminas. 
  • Semillas de lino: ricas en ácidos grasos poli-insaturados omega 3 y 6. Se usan como ingrediente en algúnas pastas de sémola. 

Solo se salva la pasta integral

Hay que marcar una diferencia entre estos experimentos recientes y la pasta integral, con un indiscutible aporte de fibra en la dieta. 

Esto no quiere decir que haya que dejar de comer la pasta de toda la vida y pasarse únicamente a la integral. Lo que hay que hacer es garantizar que llevamos una dieta rica en fibra, gracias al consumo regular de fruta, verduras... y también cereales integrales. La variedad es el mejor consejo

El precio y el sabor

Lo que peor nos sabe de estas pastas alternativas es sin lugar a dudas su precio, muy por encima de lo justificable:

  • si comes una pasta alternativa en lugar de la pasta tradicional, puedes acabar gastando entre un 30% y un 650% más. 

En la prueba de cata tampoco resisten bien la comparación. Las pastas sin gluten (a las que suele añadirse emulsionantes y estabilizantes) suelen ser más gomosas que las tradicionales. Las pastas integrales tienen una consistencia arenosa que a muchos disgusta. 

Etiquetas que exageran

Como en muchos otros alimentos, abundan los ejemplos de etiquetas que te prometen el paraíso. 

¿Conoces algún ejemplo? Compártelo en Twitter con el hashtag #EtiquetasTrampa:


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