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A partir de septiembre de 2009, las lámparas incandescentes dejarán de venderse. ¿El motivo? Su escaso rendimiento.
A finales de 2008 la Comisión Europea propuso la retirada progresiva de estas bombillas, estableciendo un calendario.
Entre septiembre de 2009 y septiembre de 2013 serán retiradas del mercado todas las bombillas incandescentes. El objetivo es que en 2016 sólo queden en el mercado las lámparas más eficientes: bombillas tipo LED, las lámparas halógenas de clase energética B y las lámparas fluorescentes compactas (LFC).
Las bombillas LFC son efectivamente mucho más eficientes desde un punto de vista energético. En nuestra calculadora de Bombillas de bajo consumo puede comprobar la equivalencia, en consumo y eficiencia, de estas lámparas y las bombillas incandescentes: No obstante, la opinión acerca de las lámparas de bajo consumo no es unánime.
Su uso no está exento de cierta polémica, pues hay quien pone en entredicho su calidad y alude a posibles problemas para la salud, por ejemplo por su contenido en mercurio.
El mercurio es un componente indispensable de las LFC: cada bombilla cuenta con 5 mg. Este metal pesado está en el interior de la lámpara, y sólo podría liberarse si se rompiera la lámpara.
Desde la OCU nos hemos dirigido a la Comisión Europea para solicitar reducciones paulatinas en la cantidad de este metal tóxico.También hemos solicitado a la Comisión Europea que promueva nuevas políticas de recogida y reciclado para este tipo de producto que faciliten la tarea a los consumidores.
Éste es otro de los “peros” que se argumentan contra las LFC. Es cierto que algunas personas particularmente sensibles podrían llegar a padecer una enfermedad de la piel motivada por la emisión de rayos ultravioleta de las lámparas de bajo consumo LFC. Esto afecta a un porcentaje nimio de la población. Para el 99,9% restante un uso normal de la bombilla LFC no supondrá ningún problema, aunque una exposición prolongada (más de 8 horas) a una distancia muy corta (unos 20 cm de la lámpara) pudiera producir lesiones cutáneas u oculares.
En cualquier caso, el uso de lámparas con doble envoltura permite reducir mucho la emisión de radiaciones ultravioletas... y el consiguiente riesgo. Claro está, la doble capa implica una merma de eficacia (se reduce en un 5 o 10%).
Aunque de los análisis realizados por la OCU se desprende que las bombillas LFC cumplen los requisitos básicos de calidad, en lo que respecta a la velocidad de encendido, resistencia, número de ciclos de encendido y apagado, rendimiento de los colores etc., podrían mejorar algunos aspectos, como lo que tarda en encenderse la lámpara, por ejemplo.
En general, nuestra recomendación es que opte por las lámparas recomendadas en nuestro último análisis. No obstante, algunas aplicaciones requieren bombillas de bajo consumo con características específicas.
De momento, las LFC parecen la solución más rentable y eficiente como lámpara de bajo consumo. A pesar de sus limitaciones, permiten importantes ahorros de energía y económicos. Desde el gobierno se está animando a su consumo desde hace meses, con distintas medidas (entre ellas el “regalo” de bombillas LFC), que pretendían adelantarse a la progresiva sustitución de las incandescentes.
Aun así, hay otras alternativas a las bombillas incandescentes: hasta septiembre de 2016 puede escoger entre LFC, bombillas halógenas (C y B) y las lámparas LED.