A menudo se presentan ocasiones en las que hace falta disponer de una cifra de dinero sustanciosa pero no astronómica para, por ejemplo, reparar una costosa avería del coche, pagar una indemnización, comprar un electrodoméstico caro o hacerse una ortodoncia. En estos casos, hay varias alternativas posibles de financiación, de las cuales unas son apreciablemente más caras que otras: aplazar un pago puede resultar gratuito en el mejor de los casos o suponer una TAE de más del 50% si se escoge la más cara de las opciones que hemos encontrado en nuestro estudio. Por cierto, las entidades dedicadas a los pequeños préstamos rápidos no son precisamente la mejor opción.