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Notas de prensa

Los (escasos) riesgos de la fiebre aftosa

Los (escasos) riesgos de la fiebre aftosa

Como sucediera en el inicio de la crisis de las vacas locas, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha realizado una síntesis de las cuestiones que con más frecuencia le han planteado los consumidores sobre el problema de la fiebre aftosa. El mensaje de la OCU es absolutamente tranquilizador para el consumidor y la asociación recomienda seguir escrupulosamente las medidas que se le planteen para evitar ser transmisores de una enfermedad que, pese a ser benigna para el hombre, puede ser desoladora para los animales y producir un terrible impacto en el sector productor.

¿Qué es la fiebre aftosa?

Es una enfermedad viral muy contagiosa que afecta a animales de pezuña hendida, especialmente vacuno, porcino, ovino y caprino. El agente causante es un virus (de tipo conocido como virus RNA) que tiene gran capacidad para mutar y así originar subtipos que afectan a la eficacia de las vacunas.

¿Puede contagiarse el hombre?

La posibilidad de que el hombre sufra la enfermedad es muy remota, aunque sí se ha descrito la enfermedad en el hombre; es, por lo tanto, una enfermedad producida por un animal (zoonosis). En el hombre es una enfermedad muy rara. Sólo se han descrito contagios de personas que tienen un contacto muy estrecho con animales enfermos y, por lo tanto, con grandes cantidades de virus. En el hombre la enfermedad es benigna y se manifiesta con fiebre, dolores de cabeza, pérdida de apetito y, a veces, taquicardia, con presencia de úlceras o aftas. En dos semanas se supera la enfermedades sin problemas.

¿Cómo es la enfermedad en los animales?

Como ya hemos dicho los animales domésticos más afectados son vacas, cerdos ovejas y cabras pero también puede afectar a animales salvajes como ciervos, búfalos, etc. En los animales el virus penetra por el epitelio (puede ser por la boca o las vías respiratorias). Llega a la sangre y provoca fiebre durante 1 ó 2 días, luego empiezan a aparecer vesículas en boca, morro, espacios interdigitales, pezones, mamas y zonas de piel fina en general; las vesículas se rompen dejando un afta o erosión que luego se cubre de piel. Los animales dejan de comer y ganar peso, y presentan también caídas. El problema de esta enfermedad es que las heridas o aftas se suelen infectar por bacterias y esto dificulta mucho la curación y el restablecimiento de los animales. Si no hubiera infecciones secundarias, la enfermedad por sí misma no causaría tantas bajas. Las infecciones secundarias pueden dar lugar a mamitis, desprendimiento de la pezuña, etc... que complican y comprometen la supervivencia del animal.

¿Cuál es el problema de esta enfermedad?

El problema de esta enfermedad que ha causado tanta alarma sanitaria es que es muy contagiosa. Los animales infectados liberan virus por la saliva (además suele haber salivación abundante en esta enfermedad), en la orina y con las heces; al romperse las vesículas, éstas liberan también virus de su interior. También la leche y la carne contienen virus. Todo ello hace que todo lo que está en contacto con el animal se contamine fácilmente: el suelo, la leche, la carne, etc. Además, el virus es muy resistente, se habla de que puede llegar a durar en condiciones de ser infectivo 21 semanas en el suelo, 102 días en unas botas de goma, 14 semanas en el agua, 1 día en leche cruda y hasta 2 años en leche en polvo, hasta casi 200 días en carne de vacuno refrigerada y dos meses en ropa de algodón. Todo esto hace que sea muy fácil la transmisión de la enfermedad por el personal que trata a los animales. Los productos de los animales como carne o leche, los pájaros, los insectos e, incluso, el viento pueden transportar el virus de un sitio a otro. Por ello se están tomando tantas medidas de precaución, para evitar que se extienda una enfermedad que, aunque no es peligrosa para el hombre, sí que puede ocasionar grandes perdidas económicas.

¿Puede el consumidor estar tranquilo?

Por supuesto que el consumidor puede estar tranquilo y consumir todo tipo de alimentos sin ninguna preocupación, ya que no hay ningún riesgo de consumir alimentos, incluso si provienen de animales enfermos. De todas formas, se está procurando sacar de la cadena alimentaria a los animales infectados, ya que son fuente de infección para otros animales y un modo de difusión de la enfermedad. El único riesgo es económico, ya que si la enfermedad llega a un país puede producir grandes pérdidas económicas.

¿Qué puede hacer el consumidor?

En principio no puede ni debe hacer nada, salvo aceptar cuantas medidas de precaución se le planteen si viaja a alguno de los países en los que exista la infección y colaborar lo mejor posible a evitar que la infección se extienda. Por ello es muy importante no traer productos de origen animal, como quesos, carne o embutidos, de los países que tienen la enfermedad y colaborar desinfectándose los pies y haciendo lo propio con las ruedas del coche si es necesario y así se nos indica.