Originalmente, el papel estaba compuesto casi únicamente por la inofensiva
celulosa. Sin embargo, la tecnología actual incorpora nuevos ingredientes cuya
inocuidad no está comprobada. Además, en las manipulaciones posteriores
(impresión, transporte, almacenamiento) pueden llegar hasta el papel otras
sustancias contaminantes. Por otro lado, la utilización de papel reciclado
suscita nuevas dudas. Se podría suponer que la presencia de estas sustancias
está restringida por unas normas estrictas. Pues, aunque parezca sorprendente,
NO es así.
Un gran vacío legal
En efecto, existe una norma europea que trata de los materiales en contacto
con alimentos y que establece, de manera general, que los envases no deben
causar ninguna modificación en la composición del alimento ni en su color, olor,
sabor y textura.
Como complemento a esta directiva, debían haberse promulgado normas
específicas para cada material. Desgraciadamente, este desarrollo sólo ha
llegado para el plástico y, parcialmente, para la cerámica. Aunque la futura
norma lleva más de diez años en estudio, el papel sigue sin estar sujeto
a una regulación específica y sólo algunos países han promulgado leyes
o recomendaciones al respecto. ¿Quiere esto decir que no existe ningún riesgo?
¿Hay estudios científicos suficientes para confirmarlo?
Un análisis que da que pensar
El grupo Conseur ha querido contribuir a despejar estas dudas realizando un
análisis de 40 envases de papel (cajas de pizza, bolsas para
patatas fritas y pollo…). En dicho análisis se ha detectado la presencia
en el papel de diversas sustancias contaminantes como los ftalatos, los
hidrocarburos aromáticos, las benzofenonas o el bisfenol A. Las concentraciones
varían de unos países a otros.
La presencia de estas sustancias en el papel no implica necesariamente que
pasen al alimento, aunque de momento nadie haya demostrado de forma clara lo
contrario. Por esta razón, nuestra actitud quiere ser más preventiva que
alarmista. Sin embargo, un contacto prolongado entre el papel y el alimento, por
ejemplo, al congelar, o las altas temperaturas (calentamiento en microondas)
aumentan la probabilidad de que se produzca la migración de los contaminantes
del envoltorio a su contenido. También la naturaleza del alimento influye, por
ejemplo, si es graso o está húmedo.
Nuestras exigencias
La OCU y el grupo Conseur creen que ha llegado el momento de que se acabe con
esta situación y para ello exigen:
· La promulgación inmediata de una directiva europea
(que debe ser obligatoriamente incorporada a su derecho nacional por cada estado
miembro) que sea restrictiva y precisa. Actualmente se encuentra próxima a
promulgarse una recomendación del Consejo de Europa cuyo cumplimiento sería
voluntario. La OCU considera que este tipo de regulación no es suficiente.
La directiva que se apruebe debería establecer de forma clara:
- las materias primas que se pueden utilizar;
- las condiciones del proceso de fabricación;
- qué sustancias pueden estar presentes en el producto final y en qué
concentración máxima;
- qué tipo de envase está autorizado según la naturaleza del alimento (graso,
húmedo, seco…);
- en qué condiciones se puede utilizar papel reciclado;
- quién se encarga de que estas disposiciones se cumplan realmente.
· Una definición precisa de los símbolos y control de las menciones
que aparecen en los envases ("apto para uso alimentario", "papel
reciclado", etc.).
· Un análisis científico e independiente de los riesgos reales de
migración de algunas sustancias presentes en el papel y el cartón a los
alimentos.