Antibióticos... hasta en la miel
La miel es un alimento rico en azúcares, vitaminas y minerales, conocido y usado por el hombre desde la prehistoria. En un mundo en que los tratamientos industriales en los alimentos están a la orden del día, la miel sigue teniendo fama de ser un producto tradicional, apenas manipulado… pero un análisis publicado en la revista OCU-Compra Maestra de febrero viene a cuestionar esta fama, pues 11 de las mieles analizadas presentaban restos de antibióticos, algo que resulta, cuando menos, inquietante.
El análisis de la OCU recoge 35 muestras de miel: 25 mieles milflores y 10
mieles de romero.El resultado no deja lugar a dudas: en el mercado conviven
productos realmente buenos con mieles que merecen una mala valoración de los
expertos de la OCU. Una pobre calidad, debida al recalentamiento, y la presencia
de antibióticos explican la negativa valoración de casi dos terceras partes de
las mieles analizadas.
Demasiados antibióticos
La legislación no establece un límite de residuos de antibióticos en la miel,
a diferencia de lo que sucede con otros productos de origen animal, como la
carne, la leche o los huevos. El estudio de OCU-Compra Maestra ha detectado la
presencia de antibióticos en 11 de las mieles analizadas. Para la OCU que se
encuentren restos de antibióticos en la miel es inaceptable. No es un
riesgo directo para la salud, de hecho, los niveles encontrados son similares a
los autorizados en otros productos, pero sí forma parte de un problema más
general: el exceso de antibióticos en todo nuestro entorno. En este
sentido, la presencia de antibióticos en la miel viene a unirse a muchos otros
casos, ya denunciados, en que se han detectado estas sustancias en
alimentos.
Encontrar antibióticos hasta en la miel viene a demostrar, una vez
más, que se está abusando de estas sustancias, a las que a menudo se recurre de
forma injustificada. La OCU coincide en la conveniencia de usar
antibióticos en animales, con fines curativos, (algo permitido, siempre que no
dejen restos importantes en los alimentos). Sin embargo, no debe usarse de forma
preventiva o para activar el crecimiento de los animales.
Aunque no es peligroso a corto plazo, la presencia de antibióticos
(en la miel y en los demás productos) entraña, a largo plazo, unas consecuencias
muy negativas para la salud de los usuarios, pues van apareciendo
microorganismos resistentes a los antibióticos, con lo cual éstos dejan de ser
eficaces para luchar contra las enfermedades.
A veces, calentada en exceso
Con ser el problema más inquietante, la presencia de antibióticos en la miel
no es la única mala noticia que nos trae el estudio de la OCU. También falta
calidad.
Aunque la miel no caduca en el sentido de que se vaya a deteriorar
hasta el punto de que su consumo sea desagradable o tóxico, lo cierto es que con
el paso del tiempo va perdiendo propiedades y frescura. Este proceso se
acelera con el calentamiento que a veces se le da para facilitar su envasado y
también para evitar la cristalización. Pero un tratamiento intenso de calor
puede repercutir en la calidad de la miel, llegando a alterar su textura y
color, o a hacerle perder aromas.
Casi un tercio de los productos analizados en OCU-Compra Maestra son
mieles cuya frescura deja mucho que desear, lo que repercute directamente en su
calidad. Esto puede deberse bien a que se trate de una miel que lleve
ya varios años recolectada, o más probablemente, a que se trate de una miel que
ha sido recalentada en exceso.
Miel de romero… sin romero
Algunas de las mieles de romero presentan un problema añadido. El
estudio de la OCU pone de relieve que a veces se comercializa como miel de
romero miel que no merece esta denominación, porque de polen de romero tienen
más bien poco: esto sucede con cuatro productos, Anbar, Hacendado,
Hijas del Sol y Mel Muria. Es algo lamentable, porque además de ser muy
apreciada, la miel de romero tiene un precio más elevado, y como denuncia el
estudio, se está pagando a precio de romero miel de otro origen.
Que no nos amarguen el dulce
El exhaustivo análisis de la OCU refleja que aunque hay mieles de gran
calidad, otras están lejos de ser el producto fresco, tradicional y poco
manipulado que pretenden: la pérdida de propiedades por abusivos
tratamientos industriales y, lo que es peor, la presencia de
antibióticos, hacen que haya productos que no sean recomendables. Por
todo ello, la OCU considera muy importante adoptar algunas medidas destinadas a
dar garantías a los consumidores acerca de la miel:
- Es muy importante que, en la etiqueta, aparezca la fecha de la
cosecha de la miel para saber su frescura. Esto sólo suele suceder en
algunas mieles con distintivo de calidad.
- La cristalización es un fenómeno natural en la miel, sin embargo a veces,
los tratamientos destinados a limitar su presencia, como la pasterización,
tienen repercusiones negativas en la calidad del producto final: es muy
importante no abusar de recalentamiento, para que no se resientan las
propiedades de la miel. Además, si la miel está pasterizada debería indicarse en
la etiqueta.
- No es de recibo que aparezcan restos de antibióticos en un alimento como la
miel. Sin embargo, están presentes casi en una de cada tres muestras, en
lo que es otro ejemplo más del abuso de estas sustancias. La
Administración debería establecer una regulación del uso de estas sustancias en
los casos necesarios, y también los medios para que no lleguen al producto que
va a ingerir el consumidor final.
El consumidor se merece disfrutar de la miel, y la miel se merece
quedar libre de sospechas.