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10 Mitos sobre las vacunas

16 mayo 2011
10 Mitos sobre las vacunas

Han salvado millones de vidas y siguen formando parte de nuestra vida, tanto en la infancia como cuando tenemos que prepararnos para algún viaje. Desvelamos 10 mitos comunes sobre las vacunas: ya sabes que la jeringa pincha, pero muchas de las otras cosas que te han contado son mentira.  

Nadie pone en duda que las vacunas son uno de los grandes hallazgos científicos de la humanidad. Desde la primera contra la viruela, en 1796, hasta las más recientes para el papiloma y las nuevas formas de gripe, han contribuido a salvar millones de vidas y los índices de mortalidad han descendido en todo el mundo. Administrar al organismo sustancias que provocan la formación de anticuerpos ha sido la manera de combatir a un amplio catálogo de virus, desde los más frecuentes en la infancia hasta los habituales en viajes a regiones exóticas.

Como cualquier medicamento, las vacunas tienen efectos adversos, pero abundan los rumores que generan alarma entre la población. Te queremos informado: desvelamos 10 mitos sobre las vacunas.  

Mito Nº1: Las vacunas son malas

Existe una corriente antivacunas impulsada desde ciertas premisas naturistas y/o religiosas. Además, algunos padres tienen miedo a los efectos secundarios y deciden no vacunar a sus hijos. Conviene recordar que las vacunas son la mejor herramienta para prevenir enfermedades. Aunque tienen efectos adversos, suelen ser leves: es muy raro que provoquen reacciones graves y es mucho mayor el riesgo de contraer una enfermedad por no habernos vacunado.

Además, no podemos pensar solo en nosotros sino en el bienestar de nuestra sociedad: con la vacunación se construye una barrera de personas inmunes que impide la circulación de la enfermedad y preserva la salud general. Muchos de los padres que se oponen a vacunar a sus hijos no son conscientes de que se están aprovechando de esta protección. Vivir en un medio en que la mayoría de la población está vacunada, disminuye la probabilidad de que sus hijos se vean afectados por enfermedades. Sin embargo, su postura pone en peligro la inmunidad del grupo.

Mito Nº2: Es obligatorio vacunarse

Las vacunaciones son recomendaciones de las autoridades sanitarias para preservar la salud individual y colectiva. La población es libre de seguir o no esas recomendaciones. Solo en casos excepcionales en los que exista un peligro real para la salud pública, la ley permite a las autoridades obligar a vacunarse. Una situación así nunca se ha dado en nuestro país.

Mito Nº3: Papiloma y prevención

La vacuna para el virus del papiloma ha suscitado polémica. En España, está aprobada para niñas de entre 11 y 16 años.

Por un lado, protege frente a la infección de varios tipos de papiloma, un virus que puede provocar cáncer de cuello uterino. Este cáncer es grave, aunque poco frecuente en nuestro entorno.

Por otro lado, aún no se sabe cuánto tiempo dura su efecto ni si es necesaria una dosis de recuerdo. En 2008 algunas mujeres tuvieron convulsiones tras vacunarse, pero una investigación oficial no pudo demostrar que esta reacción estuviese relacionada con la vacuna. Entre sus efectos adversos sí que se encuentra la posibilidad de sufrir un síncope, pero el balance riesgo/beneficio es lo suficientemente favorable como para que permanezca en el mercado. Son excepcionales las complicaciones neurológicas (neuritis, síndrome de Guillain-Barré…).

Es muy importante saber que vacunarse no significa que haya que dejar de acudir periódicamente al ginecólogo para revisiones y someterse a citologías como medidas esenciales para prevenir el cáncer de cuello uterino.

Mito Nº4: Las vacunas son tóxicas

Se ha dicho que las vacunas son tóxicas debido al tiomersal, un compuesto orgánico que contiene mercurio y que se utiliza como conservante en las vacunas multidosis.  Se usa para evitar la proliferación bacteriana una vez abierto el envase y también durante la fabricación de las vacunas. En algunos casos puede haber tiomersal en las vacunas, pero será siempre a concentraciones muy bajas.

Además, ninguno de los comités científicos de los organismos reguladores (la Agencia Europea del Medicamento, la Organización Mundial de la Salud, la FDA estadounidense) ha encontrado evidencias suficientes sobre la toxicidad del tiomersal. Aun así, hace una década que la Agencia Europea del Medicamento y otros organismos recomiendan una sustitución progresiva de las vacunas con tiomersal por otras que no tengan este compuesto. La OCU considera razonable esta medida debido a la inquietud que se ha generado.

Mito Nº5: No puedes vacunarte si estás enfermo 

Este mito es parcialmente verdadero. Si estamos aquejados por infecciones como un catarro o una gastroenteritis leve, podemos vacunarnos sin problemas. Ahora bien, durante las infecciones agudas moderadas y graves, las vacunas están contraindicadas porque suponen un esfuerzo complementario para el organismo.

En cualquier caso, hay que comunicar nuestros síntomas y estado de salud al profesional que vaya a vacunarnos.

Mito Nº6: Vacunarse de muchas cosas es arriesgado

Uno de los argumentos utilizados contra la utilización de las vacunas, y sobre todo contra la aplicación simultánea de varias, es que sobrecargan al sistema inmune y producen efectos adversos.

La realidad es que, de forma natural, los niños están expuestos a una elevadísima cantidad de los mismos componentes presentes en las vacunas, y de hecho esta exposición es en parte responsable de que su sistema inmune funcione correctamente.

Mito Nº7: La triple vírica provoca autismo

Hace 12 años, en la revista científica The Lancet se publicó un estudio que asociaba la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) con el autismo. Prendió la mecha de la polémica y muchos padres decidieron no vacunar a sus hijos. Recientemente, la propia The Lancet decidió retirar el artículo tras comprobar que se trataba de un fraude científico construido con datos erróneos.

En la actualidad no existe ninguna evidencia que relacione la triple vírica con el autismo.

Mito Nº8: Algunas Comunidades saben más que otras

En España existen diferencias de criterio entre las Comunidades Autónomas respecto a la incorporación de nuevas vacunas, sobre todo cuando su relación coste-beneficio o su eficacia han suscitado debate. Como consecuencia, hay vacunas que están financiadas en algunas Comunidades y no en otras.

Estas diferencias provocan desigualdades entre ciudadanos a la hora de tener acceso a una medida sanitaria preventiva. Además, a nivel nacional la cobertura de la vacuna baja: si solo algunas comunidades la aplican, no será posible construir una barrera colectiva de protección ante el virus.  

La OCU considera que la política de vacunaciones debería ser nacional (incluso europea) y que su aplicación debería basarse en criterios estrictamente científicos. El calendario vacunal no debe ser utilizado como arma política, sino como herramienta de salud pública.

Mito Nº9: No hay vacuna contra el Rotavirus

Durante 2010 algunas alertas hicieron que la vacuna del Rotavirus dejase de utilizarse. En la actualidad existe una vacuna en el mercado, RotaTeq, con un balance riesgo/ beneficio favorable y que se puede usar con normalidad.

La vacuna contra el Rotavirus no está incluida en el calendario español ni es financiada por el Sistema Nacional de Salud, aunque muchos pediatras la recomiendan para prevenir la gastroenteritis en niños (a partir de 6 semanas de edad).

En España no se ha demostrado científicamente la necesidad de vacunar a todos los niños. Diferente es el caso de países en vías de desarrollo, donde la diarrea causa una elevada mortalidad infantil. En estos países, la vacunación generalizada es recomendable, pero lamentablemente apenas tienen acceso a esta vacuna. En un medio como el nuestro, la mayoría de las gastroenteritis se resuelven sin necesidad de tratamiento específico, y en general solo requieren medidas como la rehidratación oral.

Desde la OCU recordamos que la gran mayoría de los agentes causantes de gastroenteritis y diarreas se trasmiten por la vía fecal-oral: de ahí la importancia de la higiene y del lavado de manos como medidas de prevención.

Mito Nº10: Los alérgicos al huevo no pueden vacunarse

Los virus utilizados para fabricar algunas vacunas, como la triple vírica o la antigripal, se cultivan en huevos de gallina. Por eso estas vacunas no se recomiendan en personas alérgicas al huevo, ya que podrían contener trazas de proteína de huevo.

Pero la triple vírica y otras vacunas cultivadas en huevo pueden administrarse sin problema alguno también a los alérgicos. Es necesario seguir un protocolo hospitalario y garantizar que no se hayan producido reacciones de anafilaxia en el pasado.


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