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Informes

Riesgo Cardiovascular

En España, como en la mayoría de los países occidentales, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte por enfermedad.


Las afecciones son diversas (infarto de miocardio, angina de pecho…), pero todas comparten, en esencia, los mismos factores de riesgo. La hipertensión es uno de los más importantes, pero también el colesterol elevado, la vida sedentaria, el tabaquismo, el exceso de estrés o la obesidad. En todos ellos debe centrarse la prevención.

En este informe encontrará una breve descripción de las principales dolencias cardiovasculares, informaciones sobre su diagnóstico y tratamiento, y consejos para mantener su corazón en forma. Calcular su nivel de riesgo cardiovascular le puede ser muy útil.

Sumario

Enfermedades cardiovasculares más frecuentes

Las dolencias cardiovasculares representan cerca del 40% de las muertes por enfermedad en nuestro país. Aquí tiene un retrato de las más habituales.

Arteriosclerosis

  • ¿Qué es?

    Por arteriosclerosis entendemos la pérdida de elasticidad y el estrechamiento de las arterias que se produce como consecuencia de la acumulación de grasa en sus paredes, que empieza a producirse ya desde los primeros años de vida, hasta convertirse en placas de ateroma, las lesiones principales de esta enfermedad, compuestas por colesterol y derivados. La distribución de la arteriosclerosis en la red arterial no es homogénea. Afecta sobre todo a la aorta, a las arterias de las piernas, las coronarias y las arterias que conducen la sangre hacia el cerebro.

    Las placas de ateroma se desarrollan en zonas de gran turbulencia de flujo sanguíneo, sobre todo donde hay bifurcaciones. Estas placas provocan una reducción del diámetro en la zona de arteria donde se sitúan, esto hace que la sangre circule con más dificultad, pudiendo tener como consecuencia la falta de oxigenación en el área que depende de esas arterias.

    Las placas también pueden sufrir un proceso de ulceración y dar lugar a que se formen trombos, es decir, coágulos de sangre. Esos trombos pueden obstruir por completo la zona de la arteria donde se forman, produciendo una trombosis. El trombo puede desprenderse y entrar en la circulación sanguínea. Dependiendo de sus dimensiones podrían provocar la obstrucción de una arteria y una embolia en el organismo.

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  • ¿Cómo se reconoce?

    En realidad, la arteriosclerosis como tal no produce manifestación alguna hasta que tiene lugar, como consecuencia de la misma, la disminución o la interrupción del aporte de sangre a algún tejido. Es entonces cuando tiene lugar, por ejemplo, la angina de pecho, el infarto de miocardio o el accidente vascular cerebral, que se describen a continuación.

    Un dolor súbito intenso en las piernas, no justificado (que no haya sido causado por un golpe, por ejemplo, puede ser también el resultado de una afectación arterial, que si no se trata adecuadamente puede conducir a la gangrena.

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  • ¿Qué hacer?

    Unos hábitos más saludables, con la dieta alimentaria adecuada son el tratamiento básico para prevenir y paliar la arteriosclerosis. El especialista establecerá, en función de la existencia de otros factores asociados (hipercolesterolemia, hipertensión, etc.) si hay que seguir un tratamiento farmacológico, con medicamentos especiales para reducir el colesterol y, a veces otros fármacos, antiagregantes, anticoagulantes, antihipertensivos, etc.

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Angina de pecho

  • ¿Qué es?

    La angina de pecho se produce cuando hay un aporte insuficiente de sangre y, por tanto, oxígeno al músculo cardiaco debido a un estrechamiento o a una obstrucción de una arteria coronaria (por ejemplo, por las placas de ateroma).

    La angina indica que el músculo cardiaco está afectado, y que precisa un tratamiento.

    Cuando el músculo del corazón no recibe el oxígeno que necesita para trabajar (lo que ocurre más fácilmente en el transcurso de un esfuerzo físico prolongado, o si hace mucho frío), sufre, y este sufrimiento se traduce en unos síntomas concretos: la angina de pecho. La víctima de una crisis de angina nota una sensación de angustia, de peso en el pecho, tras el esternón, que puede irradiar a los brazos, costado, cuello, maxilares, y a veces se combina con unos síntomas similares a los de una indigestión. El malestar puede desaparecer con el reposo. Si usted nota estos síntomas, busque rápidamente atención médica.

    Las causas son variadas: puede ser producida por una aterosclerosis de las arterias coronarias (lo más habitual), por espasmo de las arterias coronarias, por una dolencia congénita…

    La angina de pecho puede evolucionar, espontáneamente, en varios sentidos:

    La dolencia puede mantenerse estable varios años y producir un malestar llevadero, que exige hacer algunas modificaciones en los hábitos de vida.

    Las crisis pueden hacerse más frecuentes e intensas, traduciendo la inestabilidad de una placa de ateroma. Esto puede llegar a tener consecuencias fatales.

    O bien, esas crisis de angina se van haciendo cada vez más raras, hasta llegar a desaparecer. Esto sucede si en la zona se desarrolla una circulación paralela eficaz, es decir, las arterias colaterales consiguen suplir el trabajo de la arteria afectada.

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  • ¿Cómo se reconoce?

    Se diagnostica a partir de los síntomas descritos por el paciente (peso, opresión y angustia en pecho, brazos, cuello…). En algunos casos la enfermedad cursa de forma silenciosa, esto sucede por ejemplo con los diabéticos, y sólo hay unos síntomas vagos, como falta de aire o fatiga, que pueden llevar a sospechar de la enfermedad.

    No se debe confundir una crisis de angina de pecho con otros trastornos que también pueden provocar dolores parecidos: acidez, reflujo gastroesofágico, úlcera de estómago, infección pulmonar, dolores musculares, pericarditis (inflamación de la mucosa que rodea al corazón) o crisis de ansiedad.

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  • ¿Qué hacer?

    El tratamiento médico de la angina de pecho depende de su gravedad.

    En principio, se recurre a los medicamentos. Además de los fármacos para reducir los niveles de colesterol, la hipertensión o la diabetes (indicados o no según las circunstancias de cada paciente), hay otros específicos contra la angina. Son los nitratos (que actúan dilatando las arterias coronarias y pueden administrarse por vía oral, como comprimidos que se colocan bajo la lengua, con parches en la piel o en inyecciones), los betabloqueantes, que al reducir la frecuencia cardiaca reducen también las necesidades de oxígeno del corazón, o los antagonistas del calcio, que inducen a la dilatación de las arterias coronarias y las venas periféricas, reduciendo así la tensión arterial y la frecuencia cardiaca.

    El ácido acetil salicílico (por ejemplo, aspirina) suele usarse como tratamiento complementario, ya que reduce la posibilidad de que las plaquetas sanguíneas se agrupen formando trombos.

    Cuando la medicación no basta, es necesario recurrir a un tratamiento quirúrgico. Hay varias alternativas, pero es muy frecuente la angioplastia, que consiste de dilatar mecánicamente los vasos coronarios. Se suele realizar con anestesia local y no requiere hospitalización.

    Otra alternativa es sustituir la arteria afectada por un injerto de un vaso localizado en otra zona del cuerpo, con la técnica denominada by-pass.

    Y otra técnica que se utiliza mucho en la actualidad es introducir un dispositivo, que se llama stent y es parecido a una espiral, dentro del vaso estrechado, para de esta forma mantenerlo "abierto".

    Estas distintas técnicas tienen diferentes indicaciones: la elección de una u otra se hace de forma individualizada, según el paciente.

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Infarto de miocardio

  • ¿Qué es?

    La palabra infarto significa "zona de necrosis", es decir, de muerte de los tejidos de un determinado órgano, debido a una importante disminución de la circulación. En el infarto de miocardio, esa necrosis afecta al propio músculo cardiaco o miocardio.

    El infarto de miocardio se produce cuando se da una interrupción total y persistente de la circulación de una determinada zona de una arteria coronaria. Su gravedad es variable. Si afecta a un área pequeña o que no incluye ningún elemento importante del corazón, podría incluso pasar desapercibido. Si el área afectada es más extensa, las perturbaciones serán graves, incluso mortales.

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  • ¿Cómo se reconoce?

    El infarto de miocardio se manifiesta, la mayoría de las veces, con un dolor, peso u opresión en el pecho, una sensación semejante a la de la angina de pecho, pero más intensa y/o más duradera. La sensación puede extenderse al brazo izquierdo, y también al cuello, costado, estómago… y puede prolongarse durante varias horas. Al contrario de lo que pasa con la crisis de angina, el reposo o el comprimido de nitroglicerina no ocasionan ningún alivio.

    Cuando se sospecha la posibilidad de un infarto, hay que realizar un electrocardiograma de inmediato.

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  • ¿Qué hacer?

    Esta es una situación de urgencia, y el afectado debe ser trasladado lo más rápidamente posible a un centro de cuidados intensivos. La actuación inmediata salva muchas vidas.

    Los medicamentos que se usan en la fase aguda son analgésicos especiales, combinados con nitratos y betabloqueantes y también con fármacos que actúan sobre la coagulación, como los fármacos fibrinolíticos, capaces de disolver los trombos intracoronarios y que son muchos más eficaces si se aplican en las primeras horas siguientes al infarto.

    En algunos casos hay que recurrir a una angioplastia urgente. En la fase aguda del infarto, la cirugía cardiaca queda reservada los enfermos que presenten complicaciones mecánicas (la rotura de un músculo papilar o de una pared ventricular, por ejemplo).

    Después del infarto, el paciente debe guardar un reposo absoluto, en cama.

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Accidentes vasculares cerebrales

  • ¿Qué son?

    Hay un conjunto de lesiones en las arterias cerebrales que pueden producir un accidente cerebral, que puede ser:

    • Una embolia cerebral, una obstrucción brusca de un vaso cerebral por un trombo originado en otro punto de la circulación sanguínea.
    • Una trombosis cerebral, que es una obstrucción brusca de una arteria cerebral por un trombo que se producido en esa misma arteria.
    • Una hemorragia cerebral, que se debe normalmente a la ruptura de un vaso cerebral dañado.
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  • ¿Cómo se reconocen?

    Los síntomas dependen de la zona de cerebro afectada. Pueden consistir en alteraciones de la fuerza o de la sensibilidad, dificultad para hablar, dificultad para tragar, inestabilidad al caminar… Suelen ocurrir bruscamente. En ocasiones duran solo unos minutos (accidente isquémico transitorio) lo que puede constituir un aviso de que algo más grave puede ocurrir.

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  • ¿Qué hacer?

    Ante la sospecha de un accidente vascular cerebral, conviene acudir a urgencias cuanto antes. En algunas ocasiones es posible el uso de fármacos fibrinolíticos que contribuyen a disolver un posible trombo. En cualquier caso, la intervención precoz, controlando la oxigenación, la temperatura y los niveles de glucemia (azúcar en sangre) ayuda a minimizar las posibles secuelas.

    La rehabilitación será tanto más fácil cuanto menor sea la cantidad de secuelas y menos graves sean. También entra en juego el estado del enfermo antes de sufrir el accidente.

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Hipertensión

  • ¿Qué es?

    Además de ser un factor de riesgo importante respecto a otras dolencias coronarias, la hipertensión es en sí misma una enfermedad cardiovascular. Esta afección obliga al músculo cardiaco a aumentar su carga de trabajo y es un factor de riesgo para la arterioesclerosis y los accidentes vasculares cerebrales. Además, una hipertensión prolongada puede provocar insuficiencia renal y daños en los vasos que irrigan la retina.

    La tensión arterial es la presión que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias de gran circulación.

    En general, se considera una tensión arterial alta a una máxima (presión sistólica) igual o superior a 140 y una mínima (presión diastólica) igual o superior a 90. Si la máxima supera 159 o la mínima supera 109, se habla de hipertensión severa.

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  • ¿Cómo se reconoce?

    En sí misma, la hipertensión no tiene ningún síntoma característico. Se suele descubrir en el transcurso de un examen médico. Los adultos de más de 35 o 40 años deben tomarse la tensión una vez al año, sobre todo si hay antecedentes familiares de hipertensión.

    El diagnóstico definitivo de la hipertensión debe basarse en varias mediciones. Una vez confirmada, hay que realizar exámenes clínicos más profundos, para identificar si hay una causa subyacente, por un lado, y por otro, evaluar los posibles daños motivados por la hipertensión, con pruebas cardiológicas, renales y oftálmicas, sobre todo.

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  • ¿Qué hacer?

    Si se trata de una hipertensión ligera, unas sencillas medidas preventivas, como perder peso, hacer ejercicio con regularidad, adaptar la alimentación (reduciendo el consumo de sal, evitando alcohol y grasas…) pueden bastar para mantener la tensión en sus niveles normales.

    Si no es así, se optará por un tratamiento farmacológico. Hay muchos y diversos medicamentos con efectos antihipertensores: el médico determinará cuál es el más adecuado para cada paciente, según sus circunstancias.

    Tenga en cuenta que el tratamiento de la hipertensión no la hace desaparecer definitivamente, simplemente la mantiene "a raya", dentro de unos límites y de esta forma atenúa sus consecuencias.

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Factores de riesgo para el corazón

Hay muchos factores de riesgo asociados a las dolencias coronarias. Buena parte de ellos se podrían evitar adoptando unos hábitos de vida más saludables. Cuantos más factores de riesgo acumule una persona, mayor es la probabilidad que tiene de sufrir una enfermedad cardiovascular, ya que los efectos de los factores de riesgo no se suman… ¡se multiplican!

Pasemos revista a los más frecuentes.

  • Hipertensión

    Cuanto más alta es la tensión arterial, mayor es el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria; la hipertensión exige un esfuerzo mayor del corazón, que tiende a debilitarse con el paso del tiempo.

    Si la tensión arterial diastólica (el más bajo de los dos valores) es igual o superior a 90, y la sistólica es igual o superior a 140, el riesgo de padecer una enfermedad coronaria es superior al de una persona con un valor normal de tensión arterial normal.

  • Tabaco

    La mortalidad ocasionada por enfermedades coronarias es cerca de un 70% más elevada en los fumadores. Y cuanto más se fume, mayor es el riesgo.

  • Colesterol elevado

    Tener alto el colesterol, sobre todo si es el LDL (llamado "colesterol malo") es un factor asociado a un mayor riesgo de infarto. Cuanto más elevada sea la tasa de colesterol en sangre, mayor es el riesgo.

    Un nivel de HDL (el "colesterol bueno") demasiado bajo, menos de 35 mg por decilitro de sangre, aumenta varias veces el riesgo de desarrollar una dolencia coronaria, respecto a una persona que presente niveles superiores a 65 mg por decilitro de sangre.

    No se tiene certeza de si existe una relación entre el nivel de triglicéridos (la forma en que se almacenan las grasas de reserva en el organismo) y los problemas de insuficiencia coronaria. Por eso, ante la duda, es conveniente mantenerlos a raya.

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  • Diabetes

    En torno a un 70 u 80% de las muertes en pacientes con diabetes se deben a dolencias cardiovasculares. Se calcula que los diabéticos tienen tres veces más riesgo de padecerlas que quienes no tienen esta enfermedad.

  • Alcohol y drogas

    Las personas con antecedentes de abusos de alcohol y drogas (sobre todo la cocaína, que provoca espasmos en las arterias), son un grupo de riesgo.

  • Obesidad

    Las personas obesas tienen un riesgo mayor que los que tienen un peso normal. Esto se debe, probablemente, a otros factores de riesgo que van asociados a la obesidad (hipertensión, resistencia a la insulina, colesterol elevado), porque ésta los provoca. La situación es más evidente cuando la gordura se acumula en el abdomen que cuando es, por ejemplo, en las caderas.

    Una alimentación más sana y equilibrada es imprescindible para mantener la salud cardiovascular.

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  • Falta de ejercicio físico

    Una vida sedentaria duplica el riesgo de padecer las enfermedades coronarias.

  • Estrés

    El estrés, asociado al trepidante ritmo de vida en las sociedades actuales supone también un importante factor de riesgo.

  • Otros factores

    Es posible actuar todos estos factores, pero hay otros que no podemos cambiar.

    Familia. Los individuos que tienen un familiar directo con problemas coronarios prematuros (antes de los 55 años en los hombres y de los 65 en las mujeres) representan un mayor riesgo de dolencia coronaria.

    Edad. A partir de los 60 años, el riesgo es mucho mayor: 80% de los infartos se producen entonces.

    Sexo. Las enfermedades coronarias se ceban en los hombres: matan dos veces más hombres que mujeres. Además, lo hacen antes, diez años antes.

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Cómo prevenir las dolencias cardiovasculares

El control de los factores de riesgo asociados a las enfermedades coronarias ha demostrado tener un efecto beneficioso. Además de reducir, por ejemplo, las crisis en los pacientes que sufren angina de pecho, previene la aparición de este y otros problemas cardíacos.

  • No fumando. El tabaco incrementa el riesgo de aterosclerosis y el número de muertes por dolencias coronarias, en particular el infarto de miocardio. Y esto es así para los cigarrillos, pero también para los cigarros puros y la pipa. Deje de fumar: nunca es tarde para ello, y el riesgo coronario empieza a bajar desde el primer momento.
  • Adoptando una alimentación equilibrada. Una dieta hipercalórica, muy rica en grasas de origen animal, en colesterol y en sal está asociada con un incremento del riesgo de enfermedades coronarias. La prevención de estas enfermedades pasa, sobre todo, por adoptar unos buenos hábitos alimenticios.
  • La dieta mediterránea es un buen ejemplo de dieta equilibrada. Es un régimen en el que priman especialmente los alimentos de origen vegetal: fruta, verduras, legumbres y cereales. El aceite es la grasa más usada (tanto para cocinar como para aderezar los alimentos). Lácteos como leche o queso también forman parte de la dieta diaria. Sin embargo, la dieta mediterránea se caracteriza por tener un bajo consumo de carnes rojas, ricas en grasas saturadas (como la carne de vaca o la de cerdo), y por optar por el pescado y las carnes de ave. Por lo que se refiere a los huevos, se recomienda, en general, no pasar de 3 o 4 por semana. El vino también tiene su parte en el menú, pero siempre en cantidades moderadas (una o dos copas al día acompañando a las comidas). Las especias y las hierbas aromáticas se encargan de dar un toque de sabor. ¡Ah!, y en el postre se da preferencia a la fruta, en vez de dulces o pasteles.

    El efecto protector de este tipo de alimentación está ciertamente relacionado con la variedad, y también por la interacción entre varios componentes, como el alto contenido en fibras, las distintas vitaminas y las grasas saludables (combinadas con una cantidad limitada de grasas nocivas).

    RECOMENDACIONES ALIMENTARIAS

    Si quiere perder unos kilos, lo mejor es respetar, durante el tiempo necesario, tres reglas básicas.

    • Consumir a voluntad verduras, hortalizas, frutas frescas, lácteos desnatados, té y café sin azúcar, agua…
    • Consumir con moderación carne (dando preferencia a las menos grasas), pescado, huevos (pero cuidado con el colesterol), pan y cereales de desayuno, queso, lácteos grasos, patatas, legumbres, arroz, pasta…
    • Evitar en lo posible azúcar, dulces, chocolates, alcohol, bebidas azucaradas, pastelería industrial, bollería y galletas, frutos secos, embutidos…
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  • Haciendo ejercicio físico de forma regular. En el caso de personas que sufren una dolencia cardiaca, es aconsejable realizar, con regularidad, una actividad física, controlada y adaptada a la condición física del paciente. Es importante que consulte con su médico de familia o con el cardiólogo, para estar seguro de que no hay contraindicaciones. Según estudios recientes, 30 minutos diarios de actividad moderada (por ejemplo, caminar enérgicamente) es suficiente.

  • Otra duda frecuente en las personas que padecen de corazón tiene que ver con la actividad sexual. Los pacientes bien controlados pueden llevar una vida normal, también en este aspecto.

  • Con otras medidas preventivas. Por ejemplo, reduciendo el colesterol LDL (el "colesterol malo") con la medicación adecuada. Controlando la tensión arterial. A muchos pacientes con hipertensión y un riesgo acrecentado de padecer una enfermedad coronaria se les aconseja tomar una pequeña cantidad de aspirina al día, siempre que no haya otras contraindicaciones.

    Recientes investigaciones revelan que, sin embargo, los antioxidantes (las vitaminas A, C y E) no entrañan beneficios a la hora de prevenir las enfermedades cardiovasculares.

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Pruebas diagnósticas

Para confirmar que un paciente sufre algún problema cardiaco, el médico puede solicitar que se realicen algunas pruebas diagnósticas complementarias.

Si no se consigue un diagnóstico preciso, o si quiere lograr una evaluación más detallada de la gravedad de la situación, para poder aplicar los tratamientos específicos, el médico le remitirá a un cardiólogo.

  • Electrocardiograma. Esta prueba consiste en realizar un registro de la actividad eléctrica del corazón en reposo, para así detectar alteraciones a nivel del ritmo cardiaco (arritmias) o posibles daños en el músculo cardiaco (angina o infarto).
  • Prueba de esfuerzo. Pretende evaluar el comportamiento del corazón cuando el paciente hace ejercicio, sobre una cinta andadora o en bicicleta estática. Monitorizar el corazón mientras se realiza un esfuerzo permite comprobar si el corazón consigue aumentar el oxígeno necesario para el esfuerzo que se le exige. Esta prueba permite detectar dolencias coronarias, así como establecer la tolerancia del paciente al esfuerzo (por ejemplo, después de un infarto o una operación quirúrgica).
  • Ecocardiograma. A través de una ecografía cardiaca se puede evaluar el funcionamiento y las dimensiones de las válvulas, las paredes y las cavidades del músculo cardiaco, lo que permite detectar posibles anomalías.
  • Gammagrafía de miocardio. Es una técnica de medicina nuclear que se hace en reposo o mientras se realiza en esfuerzo, y con ayuda de un contraste radiactivo permite ver si todas las áreas del músculo pueden recibir sangre en una cantidad suficiente. Las áreas con deficiente absorción reflejan una vascularización deficiente. Se suele recurrir a esta prueba cuando no es posible hacer una prueba de esfuerzo o si ésta no da unos resultados concluyentes.
  • Coronariografía. Se hace una serie de radiografías, previa inyección directa de un contraste en una arteria a través de un catéter. Permite localizar una estenosis (estrechamiento), una oclusión u otros problemas similares en la arteria.
  • Holter. En esta prueba se hace el registro de la actividad eléctrica del corazón durante 24 horas. En ese periodo, el paciente debe realizar su actividad habitual, para verificar si se produce alguna alteración (arritmias, por ejemplo).
  • MAPA (medición ambulatoria de la presión arterial). Es una prueba que registra la tensión arterial de un paciente durante 24 horas, mientras éste realiza la actividad normal a lo largo del día.

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Corazón: mito y realidad

  • El corazón se sitúa prácticamente en el centro del pecho, entre los pulmones, con su extremo girado hacia la izquierda.
  • De media el corazón pesa unos 300 gramos.
  • El corazón late entre 60 y 100 veces por minuto, de media, algo más de 100.000 veces al día.
  • En los niños la frecuencia cardiaca puede ir de 90 a 120 pulsaciones por minuto.
  • El feto dentro del útero tiene generalmente una frecuencia cardiaca de entre 130 y 260 pulsaciones por minuto.
  • Si se tiene fiebre aumentan las pulsaciones, a razón de unas 10 pulsaciones más por minuto por cada grado de fiebre.
  • En general, el volumen de sangre total oscila entre 4,5 y 5,5 litros, entre un 6 y un 8% de la masa corporal. En un individuo normal en reposo el corazón bombea esa cantidad cada minuto. A lo largo de todo el día la sangre recorre unos 19.000 kilómetros.
  • El corazón consume en torno a un 10% del oxígeno total del organismo.
  • Es un error decir que el corazón está siempre en el lado izquierdo. Hay personas en las que la punta del músculo rota hacia la derecha, e incluso en algunos casos el corazón está en el lado derecho de la cavidad torácica (es lo que se llama dextrocardia).
  • El corazón no tiene nada que ver con las emociones o las pasiones, De eso se encarga el cerebro. Con todo, el corazón puede responder a esos estados anímicos con palpitaciones por la estimulación nerviosa.

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Pequeña lección de anatomía

El corazón está situado en la caja torácica, entre los dos pulmones. Es una especie de bomba que hace circular la sangre por todo el organismo. Se contrae de media en torno a unas 60 a 100 veces por minuto.

Está compuesto por cuatro cavidades: las que reciben la sangre se encuentran en la parte superior del corazón y se llaman aurículas. Las inferiores, los ventrículos, la envían al sistema circulatorio.

La sangre llega a las aurículas a través de unos grandes vasos, las venas, y sale de los ventrículos a través de otros grandes vasos, las arterias.

Las venas y las arterias se distinguen, anatómicamente, por la naturaleza de sus paredes: la pared de las arterias posee una capa de tejido elástico que les permite transportar la sangre bajo presión, la de las venas es bastante más fláccida, de manera que en ellas el traslado se hace de forma más pasiva.

La circulación de la sangre del corazón se hace sólo en un sentido (vena > aurícula > ventrículo > arteria >capilar> vena ), gracias a unas válvulas localizadas entre las aurículas y los ventrículos, por un lado, y entre los ventrículos y las arterias, por otro. No hay ninguna posibilidad de comunicación entre las cavidades de la izquierda y la derecha, salvo patología.

  • Las aurículas se dilatan, debido al relajamiento de sus paredes musculares, y se llenan de sangre. A la izquierda, la sangre cargada de dióxido de carbono procedente de las venas cavas inferior y superior. A la derecha, la sangre rica en oxígeno procedente de las venas pulmonares.

  • Las aurículas disminuyen de volumen, debido a las diferencias de presión entre ellas y los ventrículos y, además, por la contracción de sus paredes musculares. Al mismo tiempo, los ventrículos se dilatan, debido a la relajación de sus respectivas paredes. De esta forma, la sangre es expulsada desde cada una de las aurículas hacia el ventrículo correspondiente.

  • Los ventrículos vuelven a contraerse. La sangre cargada de dióxido de carbono es enviada hacia la arteria pulmonar; la que estaba enriquecida con oxígeno va, a su vez, hacia la aorta.

  • Las aurículas vuelven a aumentar de volumen, debido al relajamiento de sus paredes, llenándose nuevamente de sangre.

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  • La circulación sanguínea

    La circulación de la sangre sigue dos tipos de recorridos.

    • La circulación menor:

      En el circuito corazón > pulmones > corazón la sangre que llega a la aurícula derecha del corazón, cargada con impurezas que vienen de todo el organismo, pasa al ventrículo derecho y desde allí es enviada a los pulmones, a través de la arteria pulmonar, siendo después distribuida por los vasos capilares que cubren los alvéolos pulmonares. Allí se realizan los cambios de gas (que consisten básicamente en que la sangre capta el oxígeno y libera el dióxido de carbono).

      A continuación la sangre, limpia y cargada de oxígeno, vuelve al corazón, pero esta vez llega a la aurícula izquierda, a través de las venas pulmonares y de la aurícula pasará al siguiente "circuito", la circulación mayor.

      Antes de pasar por los pulmones, la sangre "impura" es rojo oscuro, casi morada, mientras que la sangre oxigenada tras pasar por los pulmones, es de un color rojo brillante.

    • La circulación mayor:

      En el circuito corazón > resto de órganos > corazón la sangre oxigenada parte del ventrículo izquierdo hacia una arteria muy gruesa, la aorta. ésta se ramifica en vasos cada vez más finos, hasta terminar en los capilares, que se encargan de intercambiar las sustancias entre la sangre y las células de los distintos órganos.

      Después, los capilares confluyen de nuevo para formar una red venosa.

      La sangre venosa es drenada por los venas muy largas, las venas cava superior e inferior, que vuelven al corazón por la aurícula derecha, y a continuación pasará, como ya hemos visto, al ventrículo derecho para iniciar así la circulación menor.

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  • La actividad del corazón

    • El corazón trabaja como una bomba. Se contrae de media entre 60 y 100 veces por minuto, para enviar la sangre desde los ventrículos a las arterias. Ese movimiento de contracción se llama sístole. Entre las contracciones hay un espacio de tiempo, la diástole, en que los ventrículos se llenan por la sangre que llega desde las aurículas a las venas, y el músculo cardiaco se relaja.
    • Los latidos cardiacos permiten hacernos una idea de los movimientos efectuados por la sangre. También podemos percibir el envío regular de sangre bajo presión, colocando nuestros dedos sobre una arteria periférica. Es lo que hacemos cuando tomamos el pulso.
    • La frecuencia cardiaca se indica en número de latidos (en número de sístoles) por minuto. Varía según las personas y, para un mismo individuo, en función de las necesidades de su organismo: disminuye durante el reposo y se acelera, por ejemplo, en una situación de esfuerzo.
    • La regulación de la frecuencia cardiaca se hace mediante los distintos sistemas de control, todos bastante complejos, pero sobre todo actuando sobre el sistema nervioso autónomo o vegetativo (el que controla directamente las funciones de las glándulas y de los órganos sin que intervenga la voluntad).

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