| Poder
rastrear un alimento desde su origen hasta que llega a manos
del consumidor es lo que se conoce bajo el nombre de trazabilidad,
un concepto relativamente nuevo en el mundo de la seguridad
alimentaria, tan nuevo que el consumidor todavía no
lo conoce.
En mayo de 2003, la OCU preguntó a 310 socios qué
sabían de la trazabilidad. Prácticamente todos
los entrevistados (el 95%) manifiestan que, al comprar un
producto de alimentación, les gustaría tener
el máximo de información posible al respecto,
bien en la propia etiqueta si el producto está envasado,
bien en el mostrador si se vende a granel. El consumidor quiere
conocer de dónde vienen los productos que adquiere,
tirar del hilo del recorrido que siguen y, a ser posible,
desde el principio. Sin embargo, no sabe que es precisamente
esto lo que hay detrás del concepto de trazabilidad.
Al preguntarles directamente por el significado de este término,
más de la mitad de los entrevistados (54%) declaran
que no saben lo que significa. Y únicamente el 8% acierta
al decir que es un sistema de control. Pero, al pedirles que
citen algún sistema de trazabilidad, sólo unos
pocos (el 3%) se aventuran a decir algo y la mayoría
relaciona el código de barras con una posible vía
de información del producto.
A la pregunta de qué criterios consideran más
importantes en el momento de fijarse en un alimento, el 32%
colocan la fecha de caducidad en primera posición y
el 22% dice que sería la vida completa del alimento;
sin embargo, el número de lote de fabricación,
que tiene que ver directamente con la trazabilidad, es el
porcentaje más bajo de respuestas.
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