Comer sano no es lo mismo que comer... alimentos funcionales
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en su revista OCU-Salud nº 39 del mes de diciembre denuncia que no haya control ni se ponga freno a ese alud de mensajes que nos pretenden convencer a todos de que la mejor manera de llevar una dieta sana y equilibrada es consumiendo productos a los que los fabricantes han añadido vitaminas, fibras, antioxidantes, etc. Lo que tienen que tener claro los consumidores es que esos alimentos no son necesarios para llevar una dieta sana y equilibrada.
El artículo completo se publica en la revista
OCU-Salud nº 39 de diciembre 2001-enero 2002.
Cuando el consumidor hace la compra, se encuentra con múltiples alimentos enriquecidos y funcionales. Se llama así a ese grupo de productos que llevan sustancias añadidas que ejercen algún tipo de beneficio sobre la salud. Por ejemplo, tienen un suplemento de calcio que "ayuda a fortalecer los huesos", de fibra que "regula el tránsito intestinal"... La OCU se ha detenido a examinar con sentido crítico esos productos y lo que anuncian en sus envases y en su publicidad.
Lo que revelan los
análisis de la OCU
Los análisis hechos durante los últimos años por la OCU de ese tipo de productos han puesto de manifiesto que, en general:
- presentan las sustancias que dicen que
llevan añadidas, aunque no siempre en la cantidad anunciada en el
momento del consumo ;
- no producen por sí solos todos
los efectos anunciados ,
- no siempre funcionan para la
población en general , ni siquiera para las personas que tienen ciertas carencias nutricionales o algún problema de salud;
- y cuestan más que sus homólogos
sin añadidos.
Por eso la OCU
reclama
· Que se justifique, con pruebas
científicas, la necesidad de estos productos entre la población . Estas investigaciones deberían hacerlas entidades independientes, alejados de intereses comerciales.
· Que haya una norma que defina
qué es un producto enriquecido o funcional , qué productos pueden o no enriquecerse y con qué sustancias, y cuál es la cantidad mínima y máxima en que deben añadirse dichas sustancias.
· Que haya controles oficiales que
acrediten los efectos beneficiosos que prometen estos productos.
· Que se estudie a fondo cuál es
la composición adecuada de esos alimentos para que resulten
eficaces :
- No basta con añadir una sustancia a un alimento para que el organismo la reciba en cantidad extra. La absorción y aprovechamiento de los distintos nutrientes depende a menudo de la ayuda de otros nutrientes.
- Debería también demostrarse que los componentes añadidos permanecen hasta el momento del consumo, pues, a veces, el tratamiento industrial o doméstico los hace menguar o desaparecer.
- Las sustancias añadidas nunca deben estar presentes en dosis que puedan resultar tóxicas cuando el producto se consume en cantidades importantes, ni en dosis tan pequeñas que, para resultar eficaces, obliguen a un consumo exagerado del producto. En este sentido, sería interesante que los fabricantes anunciaran la frecuencia con la que debe tomarse el producto para lograr el esperado efecto benéfico.
· Que se regule y controle todo lo
concerniente al etiquetado y a la publicidad . Hoy en día se incumple la escasa normativa que ya existe, como la que prohíbe atribuir a un producto alimenticio propiedades de prevención, tratamiento y curación de una enfermedad humana o mencionar dichas propiedades en su etiquetado o en la publicidad. Además, lo ideal sería que la publicidad insistiera en la idea de que la mejor dieta es la que incluye una variada gama de productos frescos, naturalmente ricos en nutrientes.
Las claves de una
dieta sana, para no dejarse engañar
Según la OCU, lo que el
consumidor debe tener claro es que una dieta saludable es algo más que una
simple combinación de ingredientes como vitaminas, minerales, fibras, etc. Por
eso, con ninguno de los alimentos funcionales el consumidor va a equilibrar su
alimentación. Los efectos beneficiosos en la salud se producen por la ingesta de
una serie de alimentos naturales en una cantidad y proporción adecuada. La dieta
mediterránea, rica en frutas, verduras y cereales, con una mayor ingesta de
pescado que de carne, con un nivel de grasas saturadas bajo, con la presencia
del aceite de oliva, etc., es el ideal a seguir.
Cuando aparezcan deficiencias,
lo correcto es acudir al médico para que éste determine cuáles son y sugiera
(cuando realmente sea necesario) qué suplementos se deben tomar o qué cambios
conviene hacer en la dieta.