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A pesar de que hay casos graves, en general hasta ahora la pandemia de gripe A se viene caracterizando por la levedad de los síntomas en la gran mayoría de los pacientes. Por lo que respecta al tratamiento, la gripe A debe tratarse del mismo modo que se hace con la gripe estacional: reposo en domicilio y tratamiento sintomático (usando por ejemplo analgésicos antitérmicos para combatir la fiebre o los dolores musculares). En los casos leves de gripe no es necesario el uso de antivirales.
Ahora bien, en algunos casos, especialmente en aquellos grupos de población en los que se considere que existe un riesgo mayor de complicaciones, puede ser aconsejable utilizar medicamentos antivirales, siempre bajo prescripción medica.
Uno de los antivirales que ha demostrado ser eficaz contra la gripe A es el Oseltamivir, cuyo nombre comercial, hoy día muy conocido, es Tamiflu.
El Tamiflu es un medicamento autorizado para el tratamiento y prevención post-exposición de la gripe en adultos y niños a partir de un año. Su uso en la epidemia de gripe A está sujeto a recomendaciones especiales. Así, recientemente el comité de medicamentos de uso humano de la EMEA (Agencia Europea del Medicamento) estableció que se pueda utilizar en niños menores de un año.
Desde la OCU, y ante los mensajes a veces contradictorios que lanzan los medios de comunicación, aconsejamos hacer un uso responsable de este medicamento, dado el carácter generalmente leve de la Gripe A: un uso no adecuado de Tamiflu a gran escala puede contribuir a crear resistencias y, en último término, reducir su eficacia.
Además, como cualquier medicamento, presenta efectos adversos.
Un reciente estudio llevado a cabo en tres escuelas del Reino Unido en las que se administró a los niños Tamiflu como tratamiento preventivo para la gripe tras haber estado en contacto con un compañero que la había contraído, ha revelado que más de la mitad de los niños que recibieron Tamiflu sufrieron efectos adversos clínicamente significativos. En la mayoría de los casos fueron de tipo gastrointestinal (náuseas y vómitos), pero un 18% padecieron otros efectos de tipo neuropsiquiátrico (pesadillas, alteración de la concentración, confusión, insomnio o alteraciones del comportamiento). Los datos que aporta este estudio son limitados, por la poca representatividad de la muestra, pero han motivado que en el Reino Unido se haya replanteado la política de actuación a la hora de definir qué casos deben recibir profilaxis con Tamiflu, limitándose a los contactos cercanos y a las personas de mayor riesgo.