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Las campañas encubiertas de promoción de un fármaco para ser usado con una indicación para la cual no está todavía autorizado oficialmente, mediante divulgación de estudios, congresos, y opiniones de médicos especialistas, líderes de opinión, constituyen una estrategia de márketing que los laboratorios farmacéuticos usan para aumentar así su prescripción.
El utilizar un fármaco fuera de la indicación para la que esta aprobado se llama en inglés “off label”, y es legal bajo ciertas condiciones especiales: cuando no exista alternativa y su uso esté justificado por razones médicas. Lo que no es justificable es el despliegue mediático que vemos en cuanto sale algún estudio que presenta resultados favorables de un producto, sobre todo teniendo en cuenta que la publicidad directa al consumidor de medicamentos con receta no está permitida en Europa.
Un ejemplo reciente es la repercusión mediática que ha tenido un estudio relacionado con un anticoagulante llamado Dabigatran, comercializado como Pradaxa, que se perfila como un posible sustituto futuro del Sintrom, aunque de momento sólo tiene autorizado el uso en prevención de tromboembolismo después de cirugías de cadera y rodilla (aunque para esta indicación la heparina subcutánea sigue siendo una opción más conocida, con una seguridad avalada por el uso).
Tras haber presentado los resultados de un estudio con este fármaco en prevención de ictus en pacientes con fibrilación auricular, ya hemos leído titulares como “Adiós al Sintrom”, o “el Sintrom tiene los días contados”. Esto es adelantar acontecimientos: aunque este medicamento pueda aportar alguna diferencia respecto al tratamiento convencional y ser beneficioso en algunos casos, es necesario recordar que primero debe ser evaluado y aprobado por las autoridades sanitarias para cada nueva indicación, antes de que se haga un uso a gran escala.
Desde la OCU queremos recordar que: