Una escasa (o excesiva) cloración del agua, su falta de renovación y el exceso de temperatura son los principales causantes de una pérdida de calidad del agua de las piscinas. Más de la mitad de los vasos analizados revelan problemas de suciedad y falta de desinfección. Es más, en seis de ellos encontramos microorganismos patógenos, un riesgo real para la salud de los bañistas.