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Una verdadera adición
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Y una enfermedad crónica
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El número de fumadores en España
disminuye lentamente
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El tabaco multiplica el riesgo
de cáncer.
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Una verdadera adicción |
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La nicotina es una sustancia con gran capacidad
adictiva. Cada vez que el fumador da una calada
a su cigarrillo, la nicotina que inhala pasa directamente
a su sangre a través de los alvéolos pulmonares,
alcanza el sistema nervioso central y estimula
el sistema dopaminérgico mesolímbico, la parte
del cerebro responsable de regular nuestras sensaciones
de placer. Al estimular ese centro, se produce
una sensación placentera que despierta en la persona
que ha inhalado la sustancia el deseo de consumirla
otra vez, creando en poco tiempo una adicción
similar a la que provocan la heroína y la cocaína.
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Las personas fumadoras tienen, por tanto, una
necesidad física de recibir su dosis diaria de
nicotina. El conocimiento de este mecanismo fisiológico
ha provocado que, en la actualidad, el tabaquismo
se considere una drogodependencia. De hecho, la
Organización Mundial de la Salud la ha catalogado
como "enfermedad adictiva crónica" en la última
edición de su Clasificación Internacional de las
Enfermedades.
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Y una enfermedad crónica
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El reconocimiento del tabaquismo como enfermedad
crónica ha inducido también un cambio radical
en la forma de tratarlo. La fuerza de voluntad
ya no es la única arma con la que cuentan las
personas que están intentando dejar el tabaco,
pues en los últimos años se han desarrollado tratamientos
médicos que han demostrado científicamente su
eficacia para ayudar a los fumadores a dejar de
serlo. Por desgracia, todavía no son los suficientemente
conocidos: según datos recientes, sólo entre un
2% y un 4% de los intentos serios de abandono
del tabaco están acompañados de un tratamiento
adecuado.
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El número de fumadores en España disminuye lentamente
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Hay
pocas enfermedades que tengan una incidencia tan
alta en la población como el tabaquismo. De acuerdo
con la última Encuesta Nacional de Salud realizada
por el Ministerio de Sanidad, el 34% de los españoles
mayores de 16 años se declara fumador. El grupo
con un porcentaje más alto de fumadores es el
de personas con edades comprendidas entre 24 y
44 años, pero el consumo de tabaco comienza en
la adolescencia. En la encuesta que la OCU realizó
en 2001 sobre el hábito de fumar, el 22% de los
menores de 18 años se declaró fumador, aunque
en la mayor parte del territorio nacional legalmente
no pueden comprar tabaco. A partir de los 44 años,
la adicción al tabaco y el número de cigarrillos
que se consumen por día va disminuyendo.
A pesar de que el número de fumadores es muy alto,
se detecta una tendencia al descenso, aunque no
tan rápida como sería deseable (un 4% en 12 años).
Si atendemos a los datos del Libro Blanco de Prevención
del Tabaquismo publicado en 1998, dos de cada
tres fumadores quieren dejar de fumar o, lo que
es lo mismo, alrededor de 8 millones de españoles
desean dejar el tabaco.
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El tabaco multiplica el riesgo
de cáncer
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El tabaco tiene numerosos
efectos negativos sobre el organismo: disminuye la
capacidad respiratoria e incrementa
significativamente el riesgo de padecer cáncer,
enfermedades cardiorrespiratorias y otros problemas
de salud. En España, el consumo de tabaco causa
56.000 muertes anuales, es decir, mil muertes
cada semana. Esta cifra representa el 15% de todos
los fallecimientos ocurridos anualmente en nuestro
país. Sumando las muertes ocasionadas por el sida,
el consumo de las llamadas "drogas duras", los
accidentes laborales y los de tráfico no se alcanza
la cifra que el tabaco es capaz de producir por
sí solo. Estos argumentos son suficientes para
convencer a cualquiera de que deje de fumar, pero
si no se cree capaz de conseguirlo, sepa que hay
tratamientos que pueden ayudar.
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