El estrés es un viejo recurso del organismo humano y animal, que proporciona la dosis de excitación necesaria para que aumente el rendimiento y la agudeza en la respuesta a problemas concretos, como por ejemplo, la caza. Sin embargo, cuando ese estado de alerta se prolonga porque el motivo que lo suscita es habitual en nuestra vida o porque somos muy tendentes a sufrirlo, puede agotar nuestras fuerzas físicas y mentales.