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A la hora de comprar un taladro, lo primero que debemos tener en cuenta es el uso que vamos a darle.
Cada material requiere una velocidad distinta de rotación de la broca. Si queremos taladrar una superficie dura o hacer un agujero de pequeño diámetro, será necesaria una velocidad mayor. Y, al contrario, en materiales blandos o para hacer agujeros grandes es aconsejable utilizar una más reducida.
Sólo los aparatos con dos velocidades mecánicas (presente en los martillos que tienen función de martillo electroneumático) pueden desarrollar la máxima fuerza a la menor velocidad; esto resulta práctico, por ejemplo para atornillar en un material duro.
Hoy en día, a un taladro también se le pide que sirva para atornillar y desatornillar; aunque prácticamente todos los modelos lo hacen, éste es el punto débil de la mayoría.
De los accesorios que acompañan al taladro, algunos son muy útiles y facilitan realmente la tarea: por ejemplo, la segunda empuñadura, que resulta muy cómoda para proporcionarnos mayor agarre y por lo tanto seguridad, por ejemplo cuando el taladro se bloquea y corre el riesgo de salir disparado.
Por otro lado, un cable demasiado corto es un fastidio a la hora de taladrar: 2 metros es una longitud aceptable. También el peso de la máquina puede suponer mayor o menor comodidad, si bien es verdad que, para determinadas tareas, un taladro más robusto aumenta su eficacia.