Las empresas farmacéuticas, privadas de la posiblidad de publicitar de modo directo sus medicamentos, usan otras tácticas: hacen continuas visitas a los médicos o les invitan a congresos con todos los gastos pagados, regalan muestras, financian asociaciones de pacientes... Estos gastos con segundas intenciones acaban corriendo de cuenta del paciente (y del contribuyente).