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Llevar una patata a nuestro plato obliga a consumir agua, energía y materias primas, y además conlleva ciertos daños para el medioambiente: los abonos pueden filtrarse a los cursos de agua; los motores emiten gases contaminantes, etc. Todo ello se traduce en un determinado “impacto medioambiental”, que varía de unos alimentos a otros. Pues bien, los consumidores podemos guiar el sistema de producción de alimentos hacia un modelo más respetuoso con el medio ambiente, dando preferencia a los alimentos de menor impacto. Le explicamos cómo.