El coche es uno de los principales contaminantes del aire. Sin embargo, se puede reducir su impacto ambiental. Nuestras pruebas demuestran que es cuestión de elegir bien nuestro vehículo: cuanto más pesado y menos aerodinámico sea, más consume y más contamina. Y también, de cómo nos comportemos al volante: una conducción agresiva, con aceleraciones fuertes y frenados bruscos, contamina más que una conducción suave.