Cada vez es más frecuente utilizar tarjetas de compra emitidas por los propios establecimientos comerciales: la de El Corte Inglés, la de Carrefour, la Visa Cepsa... Su gratuidad y las ventajas adicionales que ofrecen en forma de puntos, descuentos o reembolsos las hacen muy atractivas. Sin embargo, algunas cobran demasiados intereses en los aplazamientos y no todas son seguras en caso de robo o uso fraudulento. Además, sus contratos pueden incluir cláusulas perjudiciales para el consumidor
(vea el informe Cláusulas desequilibradas en tarjetas de compra).