Desde hace décadas se avanza en la búsqueda de sustancias inocuas para el hombre y para las plantas pero letales para orugas, pulgones y otras plagas. A la luz de los actuales conocimientos en la materia, hemos juzgado veintiséis insecticidas: diez han sido eliminados por peligrosos, ya sea por usar principios activos cuyos riesgos (probados o sospechados) aconsejan su reemplazo por sustancias menos dañinas, ya sea porque su forma de presentación propicia las intoxicaciones. ¿Cómo elegir y usar estas sustancias? ¿Qué más puede hacerse para proteger a las plantas?