De cada 100 euros que usted paga, por ejemplo, por unas zapatillas de deporte, sólo 60 céntimos van a parar al trabajador que las ha fabricado. Sin embargo, es posible hacer una compra responsable, que remunere mejor a los trabajadores, sin pagar necesariamente precios más altos. Sólo es cuestión de cambiar el reparto. El comercio justo se mueve en esa dirección, pagando a los trabajadores hasta el doble de lo habitual.