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La clave: una dieta equilibrada

 La clave: una dieta equilibrada

Entre estos alimentos llamados funcionales hay grandes diferencias: algunos pueden llegar a ser una alternativa interesante, mientras que otros tienen un interés bastante relativo.
Lo cierto es que lo que comemos tiene un importante papel en el estado de nuestro organismo, no hay ninguna duda acerca de las virtudes y ventajas de las sustancias que “enriquecen” estos productos: de las bacterias intestinales, a las vitaminas; de la fibra, al calcio, y del yodo, a las proteínas de la soja... pero lo que es muy cuestionable es que sea necesario recurrir a alimentos enriquecidos artificialmente para proporcionar a nuestro organismo todos los nutrientes que necesita.
A fin de cuentas, una dieta saludable, equilibrada y completa, que siga los fundamentos de la dieta mediterránea (es decir, que sea rica en frutas, verduras, legumbres y cereales, recurra al aceite de oliva, dé importancia a los lácteos y limite el consumo de proteínas animales, sobre todo de carne) es la mejor manera de conseguir el equilibrio nutricional. Moraleja: coma de todo, pero no de todo por igual.

Seguro que conoce la tradicional pirámide nutricional. En ella está la clave de lo que debe ser una alimentación saludable. Siguiendo sus directrices, no es preciso completar la dieta con esos alimentos funcionales.

¡Atención!

  • Las “raciones” de las que se habla en la pirámide nutricional son muy pequeñas. Así, una mandarina es una ración de fruta, mientras que una manzana grande se puede considerar dos raciones. De igual manera, un primer plato de verduras o una buena ensalada son dos o tres raciones, mientras que una ración de verdura es simplemente la lechuga que acompaña a otro plato como guarnición.

  • Por lo que respecta al pescado o la carne, 100 g se consideran una ración. Lógicamente no hay que tomar de todos ellos en el mismo día, sino que hay que ir alternándolos.

  • Pero lo que queda claro es que, si se quiere comer bien, hay alimentos que no pueden faltar en la dieta diaria: fruta, verduras, leche, cereales (o arroz, pasta o patatas), aceite de oliva. Tampoco hay que olvidarse de beber agua.

  • Conviene recurrir a las legumbres tres veces por semana.

  • En sentido contrario, los dulces, los chocolates, la bollería... deben quedar para ocasiones muy especiales.

 


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