Que los productos y envases lleven unas etiquetas para indicarnos que han superado determinadas pruebas de calidad o seguridad, o para advertirnos sobre cómo deben usarse, no sirve de nada si, tal como sucede ahora, los consumidores no logramos entender qué significan; además, los fabricantes y distribuidores mezclan las etiquetas informativas con los reclamos publicitarios.