Con un simple toque de aerosol o quemando un delicado cono de incienso perfumado podemos conseguir que nuestra casa tenga un aroma agradable; sin embargo, sus vapores esconden sustancias químicas (a veces tóxicas, otras irritantes) que pueden causar alergia e, incluso, llegar a ser cancerígenas. Es decir, que haciendo esto empeoramos la calidad del aire del interior de nuestras viviendas y, además, los posibles efectos no deben tomarse a la ligera.