|
Es una de las novedades más prometedoras, cuyo uso está próximo a hacerse realidad en algunas enfermedades hereditarias. En el campo de la oncología, a pesar de que hay multitud de ensayos clínicos en marcha, debido a las dificultades técnicas que plantea, aún está en fase experimental y habrá que esperar unos cuantos años para que se pueda aplicar. Su objetivo es contrarrestar los cambios genéticos responsables de que las células se conviertan en cancerosas. Para lograrlo se insertan genes en las células que provocan cambios en su funcionamiento. Unas veces son genes muy similares a los que evitan el desarrollo del cáncer (genes supresores del tumor). Otras son genes que impiden el crecimiento o la expansión del tumor; que consiguen que sea más vulnerable a otras terapias, como la quimioterapia o la radioterapia, o a los ataques del sistema inmunológico, o bien, capaces de mejorar la eficacia de ese ataque, etc.
¿Cómo se introducen los genes? La formas más habituales de conseguirlo son:
-
Mediante la utilización de ciertos virus, a los cuales se les retiran los genes peligrosos y se les agregan los genes deseados, de forma que estos virus modificados “infecten” las células tumorales;
-
Mediante la utilización de plásmidos (fragmentos circulares de ADN) a los cuales se les insertan los genes deseados y que se introducen directamente en las células tumorales.
-
Mediante la manipulación genética en el laboratorio de células extraídas del propio cuerpo que luego vuelven a insertarse.
|