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He leído las alarmantes noticias sobre productos lácteos contaminados con melamina, comprobando que incluso se han retirados golosinas que se vendían en establecimientos de distintas ciudades españolas, pero no me ha quedado claro porque se adultera la leche con esa sustancia, y cómo estos productos contaminados han paso los controles hasta llegar a venderse en la Unión Europea.
La melamina es una sustancia puramente sintética que se utiliza sobre todo en la industria de las resinas y las materias plásticas. En el caso que nos ocupa, se añadió esta sustancia a la leche en polvo para incrementar artificialmente su tasa de proteínas: con la melamina lo que se pretende es enmascarar la adición fraudulenta de agua a la leche. Pero la melamina es una sustancia química cuya ingestión tiene graves consecuencias para la salud: los riñones son los órganos afectados, y es especialmente grave en los lactantes.
Efectivamente, además de la leche en polvo para alimentación infantil, algunos fabricantes (tan importantes como Cardbury's) retiraron del mercado algunos productos fabricados en el país asiático, lo que no ha hecho sino aumentar las sospechas y disparar las alarmas.
La posibilidad de que esos productos elaborados contengan dosis peligrosas de melamina es muy remota… pero es inadmisible que lleguen al mercado. Y aunque el caso de la leche con melamina es el más llamativo, no es el único: nuestros estudios y los de otras asociaciones de consumidores europeas ponen de manifiesto con frecuencia que productos no conformes a nuestras normas se venden en establecimientos de productos chinos.
La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) es el organismo encargado de evitar este tipo de problemas. Por eso desde la OCU, como desde otras organizaciones de consumidores europeas, hemos exigido que se extremen los controles y se aumente las exigencias. Estas medidas de control sólo podrán ser eficaces si todos los eslabones de la cadena alimentaria toman conciencia de la necesidad de colaborar abiertamente y si las medidas decididas se aplican en todos los Estados miembros.
En cualquier caso, nuestra recomendación es clara: no consuma productos procedentes de China que contengan leche o sus derivados.