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Definición del problema
La Política Agrícola Común absorbe casi la mitad del presupuesto comunitario. Pesa doblemente sobre los ciudadanos de la Unión Europea, quienes la financian a la vez como consumidores y como contribuyentes.
Las metas iniciales de la PAC eran asegurar la disponibilidad de alimentos a precios razonables, estabilizar los mercados y asegurar a la comunidad agrícola estándares razonables de vida. Sin embargo, la PAC ha sido criticada desde hace varias décadas, por distintas razones.
Una crítica fundamental se refiere a la política de sostenimiento de los precios, que beneficia principalmente a los agricultores más ricos y a los terratenientes. El mecanismo de sostenimiento de los precios también ha creado excedentes que han de ser almacenados o vendidos a precios bajos en los mercados internacionales, en detrimento de los productos procedentes de los países en vías de desarrollo.
Otra crítica se refiere a los mecanismos de subvención asegurados por la PAC, los cuales fomentan la producción intensiva que ha contribuido, entre otras causas, a los escándalos alimentarios de estos últimos años y al abandono de los suelos "más difíciles" y menos rentables.
Los consumidores no se oponen, en principio, a que se ayude a los agricultores, pero ya es hora de cambiar completamente la manera según la cual se utilizan dichas ayudas.
De igual manera que otras políticas, la PAC debería ser orientarse en función del interés público y no para favorecer el interés sectorial de los agricultores. Asimismo, debería prestarse una especial atención a la protección del medio ambiente. La revisión en curso de la PAC (Agenda 2000) refuerza en parte dichas finalidades, pero queda por llevar a la práctica de forma concreta el segundo pilar, es decir, revisión de los instrumentos de subvenciones a los agricultores, primando a los que creen productos de calidad y a los que adopten prácticas agrarias no perjudiciales para el medio ambiente, revalorizando a la vez, y cuidando, el territorio.
Posición Común (ABC, AC, DECO, OCU)
Nos oponemos firmemente a la política agrícola adoptada hasta ahora por la Unión Europea, cuyos resultados son insuficientes desde el punto de vista de los intereses de los consumidores.
Estamos a favor de:
La promoción de una agricultura menos intensiva, que no fomente la creación de excedentes, sino la producción de alimentos que satisfagan las necesidades de los consumidores en cuanto a: seguridad, higiene, gustos y calidad nutricional;
La reducción de los pagos directos a los agricultores, en beneficio de una nueva orientación de dichos medios hacia el segundo pilar, a saber, instrumentos de subvenciones orientadas hacia la producción cualitativa y el desarrollo rural;
El establecimiento de un nexo entre el pago de subvenciones y la realización de objetivos en materia de medio ambiente, con la condición de que tales objetivos sean concretos y que se evalúen los resultados;
La eliminación progresiva de las barreras de acceso al mercado europeo alimentario, especialmente a favor de los productos procedentes de los países en vías de desarrollo, sin perder de vista que dichas barreras existen también en los Estados Unidos;
La extensión, a la PAC, del procedimiento de codecisión. Esto permitiría que el Parlamento Europeo se implicara en la PAC y que se comprendieran mejor los intereses de los consumidores;
Una información completa al consumidor sobre los alimentos que consume y en especial sobre los métodos de producción empleados y los aspectos medioambientales.
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