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¿Qué ocurre en el organismo para qué se desencadene la enfermedad?


 ¿Qué ocurre en el organismo para que se desencadene la enfermedad?

Cuando ingerimos hidratos de carbono, ya sean de absorción lenta (pasta, arroz, pan...) o rápida (azúcares refinados, miel…), el organismo los metaboliza y los convierte en glucosa, su principal fuente de energía y el único combustible que sustenta la actividad del cerebro. Pero para que todo funcione correctamente es imprescindible que la concentración de glucosa en la sangre se mantenga dentro de determinados niveles, siendo tan pernicioso el exceso (hiperglucemia) como el defecto (hipoglucemia): pues bien, el páncreas, una glándula alargada que se encuentra bajo el estómago, segrega una hormona llamada insulina que se ocupa precisamente de regular el nivel de azúcar en la sangre, “abriendo” las puertas de las células para que puedan aprovechar la glucosa que precisan.

Cuando el páncreas no funciona bien y deja de producir insulina (caso de la diabetes de tipo 1) o bien produce poca insulina o la acción de ésta se ve entorpecida por algún motivo (como ocurre con la diabetes de tipo 2), los azúcares que se forman en la sangre después de las comidas no son asimilados y empiezan a acumularse en demasía, causando daños en el organismo.

Los síntomas típicos son los mismos que los de la diabetes juvenil, pero pueden ser menos acentuados e ir apareciendo lentamente en el tiempo o incluso no aparecer: hambre (polifagia), sed intensa y persistente (polidipsia), necesidad continua de orinar y micciones muy largas (poliuria), olor de acetona en el aliento y en la orina.

Si no se da una respuesta adecuada a estos síntomas, puede darse una descompensación diabética, que curse con náuseas y vómitos, en la que el hambre deje paso a la inapetencia. En estos casos es fundamental acudir al médico.

El diagnóstico será confirmado a través de un análisis de sangre y, en algunos casos, a través de una “curva glucémica”, es decir, un que se repite varias veces en un mismo día después de que el paciente ingiera cierta cantidad de glucosa, cuyos altibajos tras la digestión van registrándose gracias a esas muestras.

Desgraciadamente, se estima que una alta proporción de diabéticos desconoce su enfermedad (desde aproximadamente el 20% en los países desarrollados hasta el 80% en los países del Tercer Mundo).

• El papel de la insulina

Después de una comida, el nivel de azúcares en la sangre (o lo que es igual, de glucosa) aumenta. Entonces el páncreas produce insulina, una hormona que reduce la concentración de glucosa al facilitar su paso a las células, que la utilizarán como energía para funcionar.

Además, cuando el cuerpo precisa más energía (por ejemplo, al hacer ejercicio físico), el organismo se ocupa de movilizar y hacer disponibles sus reservas de glucosa para que, gracias a la insulina se haga patente la actividad física (si el gasto de glucosa se dispara y no hay reservas suficientes, puede producirse una hipoglucemia que conduzca, en el peor de los casos, al coma).

Cuando se sufre diabetes, el organismo no es capaz de producir suficiente insulina o de aprovecharla convenientemente y, además, no funciona con flexibilidad la movilización de la glucosa.

Por eso, el equilibrio debe lograrse mediante el aporte justo de azúcar en la dieta y las ayudas externas a su asimilación, ya se trate de medicamentos antidiabéticos por vía oral o anal ya se trate propiamente de insulina o de ambos.

 


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